Archive for Escritos

Ruido: Un relato corto de verano.

El ruido suele escucharse cada noche, penetrante, entre las tres y las cinco de la mañana. Comienza flojo, suave, arrítmico y evoluciona ansioso, grave, doloroso. No sería capaz de explicar, ni en siete vidas, el temblor que le produce, la angustia que le rodea entre las brumas nocturnas del ojo abierto / ojo cerrado cuando el dichoso sonido asoma entre sueños. Ella vive en una casa grande y baja, en un pueblo de catorce habitantes, perdido entre montañas. Se acuesta cada noche sufriendo. ¿Vendrá? Es incapaz de asomarse para investigar la procedencia. Pavor a encontrar el origen. Suena muy cerca, como bajo su ventana. Una naturaleza extraña, como de fuera de este mundo. Parece un murmullo de multitud de gente en medio de este páramo deshabitado. Tiene diez años, lo evita, se cobija bajo las sábanas y reza para que pase lo antes posible.

El ruido suele escucharse cada día, relajante, entre las tres y las cinco de la tarde. Comienza suave, flojo, arrítmico y evoluciona brioso, alegre, contento. No sería capaz de explicar, ni en siete vidas, la paz que le transmite, el gozo que le rodea cada sobremesa cuando desde la ventana del piso del rascacielos saca la cabeza intentando localizarlo. Se levanta cada día mirando el cielo negro de contaminación. Vive en la ciudad más grande de su continente, rodeada de asfalto y mar. Suena como si fuera el eco de animales lejanos. Un sonido de apariencia natural en medio de la jungla de coches, cláxones y gentío. Siente el miedo a perderlo. El temor a que no vuelva. ¿Se irá para siempre? Tiene diez años, lo busca, mira alrededor queriéndolo sólo para él y rezando para que dure lo máximo posible.

Han pasado cuarenta años.

El ruido sonaba puntual en este aeropuerto dos veces al día. En el despegue de dos vuelos a dos puntas del mundo. Un vuelo al día a la ciudad de ella. Un vuelo al día al país de él. Dejó de escucharse hace cinco décadas. El día que nacieron. Verano. El mismo día. Lo robaron sin saberlo. Hoy están llegando a la misma terminal. Ni se conocen.

Ella tiene cuarenta y nueve años. Lleva quince días sin escucharlo. Está disimulando los nervios de volver a casa y volver a encontrárselo. Tiene miedo, no quiere que el sonido reaparezca. Lo desea con todas sus fuerzas.

Él tiene cuarenta y nueve años. Lleva quince días sin escucharlo. Está deseando volver a casa y volver a encontrárselo. Está nervioso, quiere que el sonido vuelva. Lo desea con todas sus fuerzas.

De repente sus miradas se cruzan. En el preciso instante en que el ruido vuelve a sonar en este lugar y para siempre desaparecerá de sus lugares de origen. Suena fuerte y suave, alegre y molesto, doloroso y grave, arrítmico y brioso. Todo al mismo tiempo en sus cabezas. Súbitamente entienden su vida y su destino.

Estaba cantado: Se acercan, se siguen mirando, se intuyen, se separan y se olvidan para siempre. Despegan sus aviones. Vuelven a sus casas. Y el sonido se queda de nuevo aquí. En este aeropuerto. Eligiendo un nuevo destino. Esperando nacer de nuevo en otros dos lugares remotos del mundo.

 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
www.nachotomas.com
Artículo publicado en La Verdad de Murcia el 16 de Agosto de 2017

Los dilemas de la RAE.

Todos los días por h o por b se lía en Twitter. Por algo serio o por algo estúpido. Por algo buscado o por algo fortuito. Se lía y con las mismas se deslía y a otra cosa mariposa.

La última lucha encarnizada ha sido a cuenta de la gramática, de la correcta forma de usar nuestro tan machacado español. No deja de ser gracioso que haya sido precisamente en Twitter, que junto a Whatsapp quizá sea el lugar en que más atropellos contra la ortografía se comenten, donde se ha iniciado el debate. La chispa fue una pregunta en forma de tuit a Arturo Pérez-Reverte: “¿Cuál es la forma correcta del imperativo del verbo ir? Idos, iros o íos.”

El escritor cartagenero respondió textualmente: “La RAE acaba de aceptar iros, tras mucho debate, pues nadie decía idos o íos. Ya se puede usar sin complejos. Será oficial en otoño.Lo correcto sigue siendo “idos”. Pero se registra “iros” como de uso habitual. La RAE es notario de cómo hablamos, no policía.” Pues hala, lío tremendo entre los que lo usan y los que no. Entre los eruditos y los cataplasmáticos.

Qué queréis que os diga, yo me di por vencido hace tiempo con las costumbres y los malos usos, con quitar las tildes y con lo políticamente correcto. Con andar corrigiendo al personal sobre lo mal que escribe. No me refiero al estilo, aquí tenéis el primero que ha de aprender, sino en falta total de un mínimo de lectura. Sorprende lo bien que algunos hablan en público, hilvanando magistralmente discursos de varios minutos para luego perpetrar tres faltas garrafales en 140 caracteres. El problema no es no saber escribir, Dios me libre de criticar el analfabetismo, cada uno tiene sus razones y vida personal. El verdadero problema está en que se normalicen e incluso perdonen ciertos atentados lingüísticos. Si no supiera escribir no lo haría. Como otras tantas cosas que no sé e intento no hacer para no ponerme gratuitamente en evidencia.

Ya puestos a criticar, qué decir de los que quitan el “que” a cualquier frase queriendo dárselas de sibaritas del lenguaje pero naufragando vergonzosamente en su propia rimbombancia. ¿Hay algo más ridículo que quitar el “que” de una frase que lo necesita? Confundir “dequeísmo” con autoridad al teclado. Me duele más un “estoy deseando nos veamos” que el omnipresente “haber si nos vemos”. Esto último es cometido normalmente por alguien que ni es consciente, en cambio aquello es culpa de los que usan unas letras tan engominadas que parecen peluquín.

Ahora, para no variar, me lloverán los palos. Dadme tranquilos, tengo coraza. Es el precio a pagar por poder disfrutar de una red social como esta, que permite hablar mano a mano con académicos de la talla del autor del magistral “Hombres buenos” y en lugar de aplaudirlo, vamos a ver si podemos liquidarlo para alimentar un rato nuestro ego.

 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
www.nachotomas.com
Artículo publicado en La Verdad de Murcia el 19 de Julio de 2017

Saltándose el destino.

El destino es como la bola de acero de una máquina de pinball. Hagas lo que hagas, y por mucho que te esfuerces en evitarlo, antes o después se colará entre los palitroques que con más o menos destreza manejas para intentar mantenerla arriba. Dándose golpes continuamente entre rebotes y bandazos de vez en cuando percibes destellos de brillo metálico. A veces roza algo y surge un emocionante sonido con festivas fanfarrias. Otras sale disparada sin motivo aparente como pollo sin cabeza. Y tú mirando. Sin tiempo a reaccionar. Calcado.

El destino es inevitable pero maleable. Va a pasar lo que tenga que pasar aunque puedes adornarlo. El destino meterá su gol. Subirá sin ninguna duda al marcador. Y aunque vale lo mismo no es igual uno en propia puerta a que una acrobática chilena sea la guinda de una preciosa jugada y combinación de todo el equipo. Uno a cero y pitido final. Tres puntos en contra. O a favor, que para el caso es lo mismo. Sin prórroga y a la ducha.

El destino aparece de repente como ese bostezo que por mucho que cierres la boca intentando atajarlo escapa de tu cuerpo poniéndote los ojos como platos, medio llorosos y forzando en tu cara una rara mueca de disimulo que te deja en evidencia. Así funciona. Te alcanza siempre.

El destino nos quita el sueño desde tiempos inmemoriales. Ya en “Las mil y una noches” hay varios cuentos que tratan el asunto. Entre ellos el más notable: un criado, Bagdad, un mercado, Samarra, un caballo, muchos kilómetros y una cita con la muerte. Recuerdo la primera vez que lo escuché. Estaba en el instituto y un profesor nos contó perfectamente el relato en clase. Fue como una revelación. Y aún me persigue en pensamientos habituales. Si no lo conoces, pídemelo y te lo cuento. O búscalo en Google.

El destino, frecuentemente cosido al existencialismo, también tiene presencia abundante en el cine, la literatura o la cultura popular. Alberto Vázquez-Figueroa decía en Tuareg, a través de Gacel Sayah, que está escrito de antemano, excepto para aquellos, muy pocos, que son capaces de borrarlo y escribir el suyo propio. ¿Podremos de ser uno de ellos o estamos abocados a nuestra predestinación?

El destino tiene trazas de fe. Por momentos aparece. Por momentos se pierde. Se te pierde. Pero siempre vuelve. Ya sea en una tarjeta personalmente dedicada, envuelta con papel de regalo y olor a pétalos de rosa que te entrega en mano un mensajero. O escrito en un trozo de servilleta de bar arrugada, dentro de un sobre con manchas de aceite y apestando a fritanga que un despistado cartero introdujo en tu buzón pero resulta que es del vecino.

El destino está para saltárselo. Más nos vale ir entrenando.

 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
www.nachotomas.com
Artículo publicado en La Verdad de Murcia el 29 de Marzo de 2017

Mil y un errores.

Si te pusieras a contar las veces que te has equivocado en la vida necesitarías todas las páginas de este periódico para describirlas y te faltaría espacio porque, tenlo claro, en tu vida ha habido muchos menos aciertos que errores. La clave posiblemente está en la dimensión de los mismos. Y en eso quizá la balanza oscile en sentido contrario.

Si te pusieras a enumerar las patas que has metido en tu existencia tendrías contenido de sobra para fabricar mil columnas como esta, tantas que sobre ellas se podría sostener una inmensa cúpula en la que sonarían con eco infinito las carcajadas que a toro pasado tú mismo soltarías al recordarlas.

Si te pusieras a pensar en las primeras malas impresiones que te has llevado de montones de personas y canciones que ahora forman parte imprescindible en tu vida merecerías estar solo, sin música y sin amigos porque apuesto a que hay poca gente en el mundo que se confunda más que tú en esas iniciales situaciones.

Si te pusieras a recordar los patinazos que sin ruedas has cometido nos tiraríamos toda la mañana, la tarde, la noche y el año riendo entre lágrimas y homenajeándolos como se merecen. Muchos de ellos han estado a punto de costarte la crisma metafórica y literalmente. Pero aquí estás, mala hierba. Aquí estamos.

El grito que sobró. La puerta que no debiste abrir. El abrazo que faltó. La llave que no debiste usar. La canción que no sonó. El viaje que no hiciste o el que no tuviste que haber hecho. El puente que no tuviste valor para cruzar. La mirada que no debiste evitar. El himno que no cantaste. El charco en el que no te atreviste a chapotear. La piedra que no quisiste sacar de tu zapato.

Pero en lo que no te equivocarás nunca es en la intimidad más visceral, en la propia fe de tu ética, en lo que más profundamente sientes, en la educación que va en tus genes impidiendo hacer daño, faltar al respeto o quedar en evidencia. Al menos de un modo intencionado. Porque te sobra clase y te falta maldad. Porque todos somos buenos si encontramos el ángulo correcto desde el que mirarnos. Si encontramos el espejo adecuado.

Y porque tú eres yo (y somos nosotros) no te voy a dejar contar, enumerar ni recordar cada uno de tus mil y un errores. Porque volverías a repetir todos ellos. Porque deberías cometerlos de nuevo. Gracias a ellos eres hoy lo que eres. Somos hoy lo que somos.

 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
www.nachotomas.com
Artículo publicado en La Verdad de Murcia el 22 de Febrero de 2017