Sólo un minuto al año

Cada comienzo de año, a la hora de cuadrar la caja interna o preparar el presupuesto mental venidero, me suelen venir a la cabeza los más diversos pensamientos. Uno de los recurrentes, como no podía ser de otra forma, es el vertiginoso paso del tiempo. Sonará a topicazo pero es que, madre mía, cada año esto va más rápido y todo, por más duradero que pueda parecer, es efímero y así deberíamos, por más difícil que sea, intentar tomárnoslo.

El asunto queda perfectamente de manifiesto por ejemplo en una de mis debilidades: Ver vídeos musicales. Disfruto tanto de la música como de las caras de los cantantes. Analizo sus facciones, gestos y miradas. Me gustan especialmente los directos, la sensación de libertad y pureza que transmiten las grabaciones de los conciertos está a años luz de lo cuidadoso de los videoclips, donde todo está ensayado, testado y, carente de improvisación, quizá demasiado limpio. Como habitualmente, me da por pensar en esas ganas de comerse el mundo que tienen los artistas que triunfan con sus primeros trabajos, en giras alrededor del mundo, en fans enloquecidos, el poder en sus manos, el estremecimiento de creerse inmortal, la mentira más dulce. Sirve cualquiera de los grandes, haz la prueba. Desde Michael Jackson a Freddie Mercury, pasando por John Lennon o Kurt Cobain. ¿Quién podría imaginar que algún día ellos también morirían viendo la incontenible fuerza que irradiaban? Pues sí, todos al hoyo. Como irás tú e iré yo.

¿Y por qué pienso esto cada año? Parece sencillo, es el momento perfecto, rodeado de tu familia, los nuevos y los que ya no están. Un evento que se repite es el mejor escaparate en el que reflejar los cambios sucedidos como si de un espejo se tratara. Y la Nochevieja cumple todos los requisitos. Ya decía Mecano que hacemos balance de lo bueno y malo. Y algunos hacen también una lista, de propósitos o de peticiones, de mejoras, de temas a evitar, de asuntos a afrontar. ¿Y si en vez de pedirle tantas cosas al 2019, comenzamos por darle todo lo que tenemos? Luego vuelve, a lo Jorge Drexler.

Por supuesto que es imprescindible mirar hacia atrás para encarar con garantías lo que viene por delante pero nunca como un “cualquier tiempo pasado fue mejor” sino como un “cualquier tiempo pasado fue anterior”. Carlos del Amor sabe hacerlo como nadie y el cierre que se marcó ayer con el último minuto del último telediario del año fue otra de sus joyas.

Aprendo su lección y asigno exclusivamente ese tiempo, un minuto, a mirar atrás. Para tener todo el del mundo para lo otro, lo que aún no ha llegado. Y que recibo con los brazos abiertos. Venga lo que venga. Feliz 2019.

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
2 de enero de 2019

Segunda parte: Brindis

Hace justo doce meses escribía aquí mismo la última columna de 2017 con la idea de agradecer lo vivido en el año en que cumplí cuarenta y que sin duda fue uno de los mejores de mi vida. Llegamos de nuevo al final de la recta que nos marca el calendario y me propongo revisarlo, a modo de balance, tomando nota de los errores y preparándome para el salto, en pocos días, a un nuevo espacio y periodo con la lista en la mano, tachando, como si fuera la de la compra, lo que ya tengo en la despensa y apuntando lo que me falta, si es que realmente es necesario para mi subsistencia.

Acaba un año en el que de nuevo hemos construido y hemos destrozado, hemos fallado y nos han traicionado, hemos tenido suerte y hemos sido desgraciados. Hemos escuchado a los que hablan sin saber y no hemos oído a los que realmente saben porque no les dejamos hablar. Hemos acertado y la hemos cagado. Hemos frustrado planes concienzudos y hemos triunfado en los imprevistos. Hemos luchado, hemos perdido y echado a perder. También hemos ganado.

Hemos tenido estrés y hemos perdido el tiempo. Hemos vivido momentos para el recuerdo e instantes para olvidar. Hemos crecido y hemos mirado arriba. Nos hemos estabilizado y hemos mirado atrás. Hemos valorado. Hemos sufrido y hecho sufrir. Hemos madrugado y trasnochado. Hemos huído, hemos fluído, hemos caído. Hemos molestado y ayudado. Hemos inspirado y copiado. Nos hemos mordido la lengua, nos hemos sacado (algunas) piedras del zapato, hemos comido y bebido. Hemos mentido, hemos dicho no cuando era sí y sí cuando era no. Hemos leído, escuchado, hablado. Hemos sentido.

Por todo y por ahora. Segunda parte: Brindis.

Ha sido un año en el que hemos tocado techo, pero el techo como el suelo en otros momentos, siempre se aleja. Brindo porque no sepamos nunca dónde acabará estando. Por esa magia. Brindo por los espejos. Pero sobre todo y siempre brindo por nuestras familias y nuestros amigos. Por los que se han ido y por los que han venido. Por las promesas cumplidas y las olvidadas, por los objetivos cambiados. Por los pasos en falso y las correcciones personales. Por conocernos un poco más cada día, por priorizar y por no hacerlo. Por empatizar y por dar. Por pedir. Por aprender de las capacidades que tienen todos los que nos rodean. Por la utilidad y el desescombro. Por un millón de viajes, por un millón de series, por un millón de cervezas. Por hache o por b. O por ene. Por el blanco, por el negro y por el naranja. Por el seis, el ocho y, sobre todo, por el siete. Por los equipos. Por las verdades.

Brindo por mirar a los ojos y a los lados para sentir que, un año más, estamos sanos y bien acompañados.

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
26 de diciembre de 2018

¿Cuándo comienza la Navidad?

Hay tantas teorías como ciudadanos a la hora de establecer el comienzo oficial de la Navidad de cada año. Ordenándolas según diversos parámetros podríamos usar una especie de clasificación, que engloba los sentimientos, la realidad, la ficción o incluso la ilusión.

Según la religión cristiana hay pocas dudas, Navidad viene de natividad (nacimiento) por lo que el 25 de diciembre, el día que nació Jesús, hace de fin y principio. Si eres estudiante, la Navidad comienza o el día que acaban las clases o tienes el último examen. En cambio si trabajas, suele depender de si tienes vacaciones o de cómo caen ese año los festivos del periodo. Este 2018 parece que hay suerte, el 24 y el 31 serán dos lunes de lo menos productivos a nivel laboral. Para compensar el 6 de enero caerá en domingo. Balanza.

También podríamos decir que la Navidad comienza el día en que recibes la primera postal navideña. Afortunada o lamentablemente ya no llegan en papel, sino por correo electrónico o WhatsApp y todos tenemos algún conocido “cagaprisas” que ya nos la envió hace más tiempo del saludable.

Para otros, la Navidad comienza el día del sorteo de la Lotería Nacional, que siempre es el 22 de diciembre, aunque la probabilidad de que te toque El Gordo sea de 1 entre 100.000. Si tienes hijos no tienes otra opción que organizarte la Navidad desde el día en que comienzan sus vacaciones, esto sí que es un premio, o puedes considerar que todo comienza el día que con ellos pones el Belén.

Hay otras teorías sobre el inicio de las fiestas, más burdamente asociadas a temas comerciales: el día en que los de El Corte Inglés dicen que ya es Navidad, aparece el turrón en Mercadona o alguna gran marca lanza su lacrimógeno spot anual. En estos casos nos trasladaríamos meses atrás, con el consiguiente estrés asociado a ello.

Para terminar, podríamos establecer otro inicio de fiesta asociado a las comidas o cenas de amigos o de trabajo, en cuyo caso la horquilla se amplía considerablemente. Por ejemplo, en mi agencia hemos tenido que aplazar el acto a finales de enero, es lo que sucede cuando afortunadamente tienes muchos clientes que te invitan a las suyas y la agenda al borde del colapso.

En resumen y cogiendo los extremos de lo arriba expuesto, nos encontramos que podríamos estar de Navidad todo el año, algo paradójico e imposible. Algo a la vez genial y deprimente.

Para mí la Navidad se inicia cuando en casa vemos Love Actually. Una tradición que durará para siempre.

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
19 de diciembre de 2018

Lo que nos viene grande

Desde nuestro nacimiento estamos rodeados de cosas que nos vienen grandes. Los pañales talla cero, a no ser que tengas el tamaño de un lechón, son el primer ejemplo. Más tarde llega la ropa heredada, la habitación y la propia vida. Todo nos queda suelto. Y tú también, culpable, viniéndole grande a tus padres. Bastante holgado, por suavizarlo un poco.

Creces y entonces vas encajando, o eso crees, adaptándote en tamaño y forma a los utensilios que a tu alrededor son dispuestos. Creces y entonces ves que no encajas, o eso vuelves a creer, inadaptado muchas veces a esas cuadrículas en las que nos disponen los que mueven estos hilos de la mal llamada existencia. Luego nos viene grande la familia, el colegio, las amistades, las relaciones, la universidad. Nos va viniendo todo grande por más que crezcamos. Se nos queda grande el trabajo, los compromisos, las responsabilidades, nos viene grande la rutina y, estaba cantado, nos vienen enormes los hijos. Qué grande se nos queda la paternidad. Regreso al pasado. ¡Cuántas piezas y qué difícil unirlas!

Pero esto es sólo la primera parte del partido. De la vida.
Toca descanso. Tomar aire.
Comienza la segunda. La definitiva.

“La vida es como una tela bordada. Nos pasamos la primera parte de la vida en el lado bonito del bordado. Pero la segunda parte de nuestra vida la pasamos en el otro lado, es menos bonito, pero vemos cómo están dispuestos los hilos.”

Nos podemos sentir por momentos un descosido en la tela que por una cara muestra ese precioso bordado. Pero los hilos que generan el bello encaje por delante están cruzados de aquella manera por detrás, y aunque considerados antiestéticos por algunos, dibujan y desarrollan su trabajo efectivamente. Sin concesiones, prietos, unidos y por fin, de su tamaño y a tu criterio. Tan necesarios como invisibles por la mayoría. O peor, obviados. Evitados pero imprescindibles.

Y entonces, de repente llega un día en que parece que un sastre ha llegado a la ciudad y te ajusta el traje que tan grande te venía. Comienza tu pacto con el entorno, priorizando dimensiones y adaptándolas a tu figura. Pero es una mentira a voces, pues no son las costuras ni hay modista. Eres tú el que has encontrado tu ubicación en la vida, reconstruyéndola como un perfecto puzle, acoplado por fin con todo lo que te rodea. Ensamblado. Redondo.

Todo encaja de nuevo. O por primera vez.
El problema es que ahora sobran piezas. Si te gusta cómo te ha quedado, sólo tú sabrás si quieres hacerles hueco.

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
12 de diciembre de 2018