La evolución de la palabra “Conocer”.

Que levante la mano el que no haya dicho alguna vez “Claro que lo conozco” refiriéndose a una persona con la que sólamente has mantenido contacto por internet, ya sea correo electrónico, redes sociales o cualquier otro medio.

Hace unos años era impensable una relación a distancia como la que solemos mantener con clientes, proveedores e incluso amigos y conocidos. Si alguien te decía: “Mi amigo Juan”, entendías que había un lazo personal, familiar, amistoso o de cañas por medio. Ahora caemos en la inconsistencia de pensar que conocemos a la gente sólamente por leer sus tuits, sus wasaps o sus publicaciones en Facebook. Hay quiénes en persona son parecidos a sus alter-egos en la red, pero hay otros que no son más que un vago reflejo, un afán, o una caricatura. E incluso los que nos parecemos en la red a nuestro yo real (o eso pensamos), cambiamos mucho en persona y es ahí donde y cuando ganamos o perdemos definitivimente.

Gracias a las Redes Sociales he conocido mucha más gente de la que jamás podría imaginar, y lo mejor de todo, es que a muchos de ellos continúo viéndolos, con mayor o menor frecuencia en persona. Con mayor o menor ilusión. Gracias a las Redes Sociales he conocido mucha gente que intenta venderse diciendo lo que muchos quieren oir, pero a la hora de la verdad, normalmente en directo y/o a través de conocidos, su esencia explota y echa por tierra su falso trabajo. Un constante quiero y no puedo. Estaré eternamente agradecido a Twitter y Facebook por ello, puesto que permite continuar labrando, superficialmente y a distancia, una relación que debe ahondarse con el roce e intercambio de palabras cara a cara. De nada sirve tener “amigos” en la red si luego no los puedes tocar.

Existe un tipo de personas, aquellas que un gran amigo llamaba “Homo-Relacionensis”, que disfrutan conociendo gente, e incluso aprendiéndose sus nombres. Hay gente que no olvida una cara. Y esa gente quiere seguir tomando cañas en vivo y en directo.

Y yo me apunto.

Conocer

La imagen está sacada de Behance.net.

Ancianos 2.0. Los geriátricos del futuro.

Los de mi quinta somos afortunados. Somos la generación bisagra entre jugar en la calle y las videoconsolas. Muchos de nosotros nacimos con la ilusión de pulsar un botón. Tal cual. Poder apretar ese luminoso y deseado botón rojo que lanzaba los cohetes de Comando G o ser como Koji Kabuto controlando a botonazos a Mazinger Z. Recuerdo el juego Simón que me trajeron los reyes a mediados de los años 80 con, nada menos, 4 botones. De colores. Brutal. Se encendían y sonaban al tocarlos. Eso era sentirse poderoso. Con el tiempo los botones perdieron hipnotismo cuando pasaron a formar parte de nuestro día a día: el ascensor, el mando de la tele, el microondas o la Play Station. Con nuestros padres la situación era diferente, aunque actualmente se hayan subido al tren de los aparatitos. De nuestros abuelos, ni rastro de lo anteriormente expuesto.

Ancianos 2.0. Los geriátricos del futuro.

Siempre que visito una residencia de mayores me fijo en lo mismo: ancianos sentados durante horas en un banco con la mirada fija en cualquier pequeñez. Aparentemente su soledad es absoluta, excepto cuando reciben visitas. Conozco varios casos cercanos y, por el otro lado del asunto, sé que es una solución muy buena, en muchos casos, tanto para los usuarios como para las familias. Pero, ¿qué sucederá en el futuro cuándo la generación actual sea la que esté en su lugar? Quizá la soledad no sea tanta gracias a las nuevas tecnologías, siempre que se consiga llegar a esas edades con capacidades para usarlas/disfrutarlas. No es descabellado imaginar a los abuelos del futuro, dentro de 20 ó 30 años, en constante comunicación con sus familiares o amigos, ya sea mediante chat, videoconferencia, o aquello que nos tenga preparado esa época. Por el lado romántico, me parece una situación algo triste. A veces pienso que estamos programados para perder la vista, el oído y la condición física para que llegados a la vejez, podamos pensar realmente en tranquilidad y con profundidad. Por el lado pragmático, la idea me seduce. La tristeza que transmiten los abueletes que no reciben visitas me parte en dos.

Esta es la reflexión que lanzo al aire.

Me encantará leer vuestras opiniones al respecto.

Nota: Artículo publicado originalmente en TechPuntoCero en Diceimbre de 2012. (LINK).

¿Conciliaqué?

No puedo dejar de reírme cuando oigo a los políticos hablar de conciliación. Y para empezar, pondré dos ejemplos.

Soraya Saénz de Santamaría volvió al trabajo 7 días después de dar a luz, lo que para muchos podría ser un ejemplo de implicación, responsabilidad y dedicación, para mí es más un ejemplo de que sólo pueden conciliar los que disponen de excelente apoyo económico o familiar, porque imagino que alguien tendría que darle al bebé los biberones, cambiarle los pañales y no dormir por las noches. Por otro lado Bibiana Aído se retrataba a menudo con todo tipo de declaraciones sobre el tema, cuando resulta que no tiene hijos. Una de sus perlas fue que, según ella, más del 90% de las PYMES incluye planes de igualdad orientados a la conciliación para sus empleados. Un ejemplo más de que esta chica poco conoce, o conocía, del mundo real.

Conciliaqué?

Conciliación. Esa palabra que llena bocas y programas electorales. Esa palabra tan de moda en su momento y que suena mucho mejor de lo que realmente representa.

Tanto mi mujer como yo tenemos la suerte de tener trabajos sin horario fijo, cosa que nos ayuda bastante cuando nuestros hijos se ponen malos, cuando hay una reunión fuera del horario de colegio, o cuando disfrutan de vacaciones escolares. Quizá no lo hayáis pensado los que no tenéis hijos, pero en Navidad se trata de una semana, en Semana Santa dos y en Verano la friolera de 3 meses, más los 15 días de Junio y Septiembre en los que hay media jornada. Esto da un total de aproximadamente 5 meses al año en que los horarios de tus hijos no son los habituales y se hace necesario ayuda externa si quieres continuar con tu trabajo normal. Que alguien me explique cómo diablos se puede conciliar. Y no digamos si algún miembro de la pareja quiere hacer algo extra como un máster o deporte.

Tengo amigos que tienen que llevar a sus hijos a la oficina algunas mañanas o tardes. También tengo amigos a los que sus padres, los socorridos abuelos, les echan una mano la mayoría de las veces. También conozco otras parejas con hijos que se organizan estupendamente y no faltan a ninguna cena, al cine y a lo que se tercie, gracias a que tienen a una canguro interna, o casi, en casa.

Si alguien de los que manda en este país quiere hacer algo por mejorar la vida de los, tan políticamente utilizados, emprendedores, quizá debería pensar sobre lo arriba expuesto. De lo contrario, lo tenemos francamente complicado..