A quién le importa

Un día cualquiera puede volverse memorable a las primeras de cambio, sin preverlo, sin esperarlo y sin que nadie te avise. Nadie excepto los protagonistas de esa jornada que, sin contar contigo con anterioridad, decidieron que hoy tú formarías parte del espectáculo. De su espectáculo. Atento: vienen curvas.

Existen pocas verdades más absolutas que la derivada de la priorización de nuestros actos. Me explico: todo parece urgente, importante y a vida o muerte hasta que algo se te cruza por delante y es, de verdad, urgente, importante o (que no nos pase mucho) a vida o muerte.

Puedes estar siete mil días esperando que llegue ese momento para el que llevabas años contando los minutos cuando una llamada de teléfono trastoca tu universo y te obliga a poner los pies en la tierra. Puede ir, o eso crees, un día de culo en el trabajo o en tu cuenta corriente, cuando los resultados del análisis de sangre de un familiar te obligan a poner los pies en la tierra. Puedes pasar una noche memorable en tu juventud para despertarte al día siguiente con tu vida arruinada por una mala decisión. Puedes estar celebrando un fracaso con la misma intensidad que un triunfo. Pies en la tierra. ¿Qué tierra? ¿Qué pies?

Estás en tu pleno derecho siempre de hacer lo que te plazca. Eso faltaba. Qué razón tenía Alaska en su mítico himno musical. ¿A quién le importa? ¿Quién es capaz de echarte en cara algo? ¿Quién es capaz de juzgarte sin estar en tu situación?

Quizá sea esta una de las grandes paradojas de esta cultura en la que vivimos, en esta oleada de autoproclamados defensores de cualquier cosa. Los guardianes de la sociedad, de la cordura, de la tradición y de lo correcto. Perdonadme, ahora vuelvo, voy a reírme un rato.

¿Quién tiene el más mínimo derecho a echarte en cara tus convicciones políticas, tu opinión sobre el aborto, las relaciones sexuales, la eutanasia, el uso de las drogas o tus inclinaciones religiosas o patrióticas?

No necesito nadie que me hable de valores, de moral o de ética. Y menos esos que con más de cuarenta años de democracia aún no han solucionado las necesidades básicas de los ciudadanos de este país, promulgadas por un documento que se convierte en algo casi santo en algunos momentos y papel mojado cuando no interesa. No penséis por mí, tengo mis prioridades y vuestros prejuicios no van a reordenarlas.

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
10 de octubre de 2018

Lo mejor de cada casa

La historia ha tratado de manera desigual a los países que nos rodean. Algunos salen victoriosos de su lucha con el tiempo, envejeciendo con serenidad y elegancia, aceptando que las heridas del pasado tienen su reflejo en el futuro y si no son curadas correctamente dejarán, unas veces feas, otras interesantes, indelebles cicatrices. Los países cambian, crecen o encogen, y si no lo aceptan tendrán problemas de salud. Son como las personas: a algunos les sientan bien los años y a otros les destrozan.

Si se me permite la metáfora, la sangre de los países son sus ciudadanos, sus actos son las leyes, sus amigos son los tratados que firma, sus extremidades son las ciudades y su cerebro son los dirigentes. Visto así, más de un país, como habrás deducido, está condenado.

Millones de ciudadanos enganchados a denigrantes y adictivos programas televisivos, letras de canciones que son “presunto” delito frente a otras que son verdaderas agresiones sonando a diario en las principales radios, aeropuertos sin aviones y doctores con faltas de ortografía, dinero de servicios públicos gastado en servicios muy privados. Subir impuestos, bajar la luz, adoctrinar en los colegios. Alcaldes y concejales que no han trabajado jamás fuera de su partido. Marca país. Marca región. Lo mejor de cada casa.

Venta de armas (infalibles, deja que me ría) a repúblicas bananeras con chantajes de por medio saltándose a la torera los contratos firmados previamente, criterios de circo para amnistías fiscales de grandes fortunas y presión hercúlea en impuestos para PYMES, querer acelerar con el freno de mano continuamente puesto. Políticos hablando de híbridos y AVE sin haber usado un tren en su vida, permisividad extrema con las casas de apuestas que bombardean a nuestros hijos al tiempo que más paro y economía sumergida que nunca. Funcionarios de sesenta años dando consejos sobre emprendimiento y presidentes viajando en helicóptero. Aforamientos medievales, universidades podridas y puertas giratorias.

Gente con buenos trabajos inventándose titulaciones que no tienen mientras otros ocultan las que sí tienen para poder aspirar a trabajos precarios. Chapuzas generalizadas en ciudades contaminadas con, además, cortinas de humo que toman forma de discusión kafkiana sobre el cambio de hora sin plantear la imperiosa racionalización de horarios, en forma de ataque a los sentimientos religiosos en estados aconfesionales, en forma de cómo va vestida ésta o aquel atendiendo al continente y no al contenido. Memoria que tiene mucho de política y poco de histórica. La mafia nació en Italia, pero se perfeccionó en otros lugares.

Qué bien han conseguido convencernos, a golpe de slogan, de que han cambiado todo para dejarlo exactamente igual que estaba. Y qué bien se vive, con todo y con eso, en los países mediterráneos.

 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
19 de septiembre de 2018

 

Otras caras de otras monedas

Ayer fue 11S y el mero pulso de dichas teclas en el ordenador provoca una por habitual no menos profunda sacudida. Todos sabemos lo que estábamos haciendo aquel día, en quién pensamos en primer momento, por qué no nos separamos de la tele mientras Matías Prats gritaba el mítico “Dios Santo” en Madrid y Ricardo Ortega lo comentaba en directo desde NYC (paradójicamente asesinado involuntariamente por el ejército estadounidense tres años después). Todos tenemos nuestro punto de vista sobre aquel nefasto día, tenemos nuestra historia personal. Y como nosotros, hay otras personas que lo vivieron diferente. Esta es una de las tramas de “Soy Pilgrim”, la novela que actualmente estoy leyendo, que pone el foco en Afganistán, en Siria, en Turquía. Otras caras de otras monedas.

Este diferente punto de vista me hace pensar en que todo lo que nos rodea tiene un reverso. Nombrarlo así ya de primeras asume que nuestros ojos miran al anverso, a la cara. A nuestra cara, a nuestra verdad. Intento, no siempre con éxito, prejuzgar cada vez menos, poniéndome en los zapatos del que observo como dicen los ingleses. Empatizando, en castellano.

Antes de leer esta columna seguro que ya has elaborado una opinión sobre Soraya Sáenz de Santamaría dejando la política o Manuela Carmena anunciando que volverá a presentarse a las municipales en Madrid. Te propongo volver a desarrollar esa opinión pensando desde dentro de su piel. ¿Ha cambiado al menos un poco? Sano ejercicio.

Ayer fue la Diada en Cataluña con la que está cayendo por allá, coincidiendo con la cristiana Romería de Murcia y la taurina Feria de Albacete. Tres actos festivos en tres zonas muy diferentes de España con, seguro, detractores y defensores armados de profundísimos argumentos tan buenos como los contrarios. De nuevo otras caras de otras monedas.

Pues eso, antes de emitir juicios rápidos sobre cada una de las cosas que vemos y no entendemos, esas cosas que nos parecen estupideces o carentes de sentido, paremos un minuto a meternos en otras cabezas, en otras motivaciones, en otros procesos mentales que desembocan en diferentes resultados y acciones que seguro tienen su explicación.

Cuando éramos pequeños era más fácil. Cara o cruz y listo. ¿Has probado con las monedas de euro?

Lo podíamos tomar como síntoma.

 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
12 de septiembre de 2018

Una comedia política

Uno de los regalos que recuerdo con más cariño de mi infancia fue un pequeño librito con la fecha de mi cumpleaños en la portada. En sus hojas detallaba, a modo de efemérides, distintos eventos, momentos históricos. Que si tal país atacó a otro, que si fulanito tomó posesión de tal cargo, que si tal deportista ganaba por séptima vez un torneo. Que si nacía uno, que si murió otro. En aquella época este era el ensayo general de la futura hemeroteca. Mi madre tenía otro de estos curiosos libros de tomo brillante con, curiosamente, el día de hoy en su anverso.

Vivimos tiempos interesantes, en los que a golpe de clic puedes consultar el pasado. No me refiero al pasado plasmado por pseudo-periodistas de medio pelo que mienten más que hablan. No voy a poner nombres, ya los conoces. Estoy hablando del pasado que uno mismo va dejando como rastro de baba de caracol en sus declaraciones reales, en sus intervenciones en la tele, en las entrevistas radiofónicas, en sus redes sociales. Hace tiempo que no me fío de los titulares mediáticos, me fijo en los tuits de los protagonistas, saco conclusiones, leo entre líneas, no necesito que nadie analice por mí. Hace tiempo que no me fío de las cadenas de whatsapp, de los comentarios de unos hablando de otros, de los estudios estadísticos, de los análisis económicos, de las cifras del paro, de las previsiones del banco central. Estamos tan manipulados que la única manera de encontrar luz entre tanta sombra es hacer examen de conciencia y eliminar prejuicios. No es sencillo pero merece la pena.

En 24 horas hemos cambiado de Presidente del Gobierno y las mentiras de unos y otros, con los portavoces al frente de lo grotesco, hacen que aquellos que nos preocupamos un poco por la elegancia educativa, por la mínima clase, por la vergüenza propia y ajena, nos tengamos que echar las manos a la cabeza. No son cambios de opinión, todos tenemos derecho a ellos, se trata de un ridículo continuo al estilo de la mítica declaración de Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros.”

Quizá el culpable sea la estructura mastodóntica de los partidos políticos, en los que saliéndote del redil te expones a quedar como traidor o como mentiroso. Debe ser imposible dar un paso con el continuo miedo a que lo que hoy es A, ayer era B y mañana será C. Y lo peor: los que dijeron A han cambiado a C  sin pasar por B y sin informar al resto de actores protagonistas de esta cutre comedia.

Una comedia que hace reír al público. Pero la gran carcajada está aún por resonar.

 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
6 de junio de 2018