Coches vacíos

Un año más termina la Semana Europea de la Movilidad: Una campaña orientada a la sensibilizar a los ciudadanos, pero también a los políticos, de las consecuencias que tiene el uso irracional del coche y del mismo modo concienciar de las ventajas derivadas del uso de modos sostenibles (y activos) de transporte en las ciudades.

Quizá nunca te hayas parado a pensar en la cantidad de gente que se traslada cada día desde su casa al lugar de trabajo o centro de estudios. En el mundo de la movilidad urbana a estos desplazamientos se les llama “movilidad recurrente”, anteriormente “movilidad obligada”, y suponen millones de movimientos de personas a diario en nuestras calles.

En función del municipio en el que residas tendrás una diferente demanda de dicho transporte y a tu disposición habrá una más o menos compleja oferta para llegar a tu destino. Las ciudades han crecido exponencialmente en los últimos años, basadas principalmente en una estructura urbana “coche-centrista”, y se enfrentan actualmente a diversos problemas asociados a esta situación: atascos, contaminación, obesidad infantil, enfermedades relacionadas con el sedentarismo de sus ciudadanos y una retahíla tan larga y tan manida que ya da pereza volver a escribirla.

Podemos encontrar multitud de diferencias dependiendo del diseño de las infraestructuras, de los planes de ordenación urbana, de la orografía, del clima o de las distancias de cada municipio. El abanico será también diferente en cuanto a opciones a tu alcance: caminando, en bici, en metro, autobús, tranvía o patinete. Pero si hay algo común a todas las ciudades españolas es la cantidad de coches ocupados con por únicamente el conductor que llenan nuestras calles.

Citando sólo tres de las ciudades en las que paso mi vida laboral actualmente (Murcia, Madrid y Barcelona) puedo decir sin temor a equivocarme mucho que el noventa por ciento de los coches que circulan por la Ronda Litoral barcelonesa, la M-30 madrileña o la Circunvalación murciana se encuentran en tal ineficiente situación.

Algo falla cuando hemos interiorizado el uso desproporcionado de cajas de metal de una tonelada y pico para transportar personas de ochenta kilos mientras rellenan los espacios públicos emitiendo gases que nos matan (según la Agencia Europea del Medio Ambiente se producen nada menos que 30.000 muertes prematuras al año en España por la contaminación).

Va siendo hora de poner soluciones. ¿Qué tal si empezamos por nosotros mañana mismo? 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
3 de octubre de 2018

Los largos veranos

Para despedirse a la francesa sin sentirse un poco culpable hay que tener tablas. Experiencia en dar carpetazo a algo cuando te lo pide el cuerpo sin remordimientos, sin excusas ni explicaciones. Así es como deberíamos poder hacer nuestras cosas en nuestros días. Pero el entorno manda y nos obligamos a realizar continuamente acciones que no siempre nos apetecen. Por eso y así me fui de estas páginas. Y me fui de todo lo superfluo de mi vida durante un tiempo con una recurrente idea en mente: desconectar. Una fijación casi obsesiva. El parón era necesario tras una temporada de locura total. Cientos de reuniones, viajes, hoteles, clases, aviones, clientes y trenes. Y al borde del precipicio apareció el mejor verano de nuestra vida. Y por primera vez desde que comencé a trabajar en serio, allá por dos mil dos, me organicé una semana de vacaciones. Pero de vacaciones de verdad, vacaciones de niño. Incluso (increíble) apagué el móvil siete días seguidos.

Hemos cruzado fronteras, navegado, saltado en cascadas, visitado lugares cercanos y ciudades remotas. Hemos nadado en mares y chapoteado en piscinas, bebido y comido, comido y bebido, corrido por el monte, bailado en verbenas, mojado bajo la lluvia y quemado bajo el sol. Hemos pisado erizos, tropezado con troncos en la noche, visto las estrellas, cantado, madrugado y trasnochado (más que lo otro). Hemos reído, llorado, conocido gente. Hemos sido invitados y hemos tenido la inmensa suerte de poder invitar.

Un largo verano que hemos vivido intensamente con familia y amigos sin dejar de lado a muchos conocidos que lo han estado pasando realmente mal en estas mismas fechas: hospitales, enfermedades, revisiones, recuperaciones. Que todo pase. En este verano total también hemos rezado.

Que cuando encendiera de nuevo el teléfono tuviera seiscientas llamadas fue el precio a pagar, pero milagrosamente (o no) nada se había roto, todo seguía en pie y entendí por fin la gran diferencia entre lo urgente y lo importante. Y la gran mentira que transmiten ambos adjetivos. Priorizar va a ser la palabra de moda en la vuelta al tiovivo de este nuevo curso, con ya decenas de viajes a la vista, cursos, trenes, reubiones, aviones, hoteles y clientes.

Tirar una bomba de humo y desaparecer sin dejar rastro es un arte. Habrá que, de vez en cuando, hacerse artista.

 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
5 de septiembre de 2018

1 de Mayo: ¿El día de qué?

Como cada año en estas fechas vuelan los cuchillos lanzados desde cualquier esquina del tablero en el que se decide el mercado laboral español. Por un lado políticos que no han pasado en su vida un proceso de selección a los que se les llena la boca con las bondades del emprendimiento y las grandiosas oportunidades laborales que se vislumbran en el horizonte gracias al gran trabajo de su partido. Por el otro sindicalistas que se atribuyen la representación de todos los trabajadores, aún estando en las antípodas de la gran mayoría, disfrutando de trabajos muy fijos y discutiendo sobre el sexo de los ángeles. Y no olvidemos las patronales, para las que sólo importan los empleadores de su ideología, dando calabazas al resto aunque contraten tanta o más gente como ellos, muchas veces bendecidos por los dos actores anteriores. Y en el medio nosotros, llegando a fin de mes por los pelos, viendo cómo se despedazan delante de las cámaras pero intuyendo que cenan juntos detrás de ellas.

Como cada 1 de Mayo revivo la misma rabia sintiendo que se ha politizado hasta lo más sagrado. Un mercado laboral que sin haber salido de la UCI sigue siendo generador de medallitas a diestro y siniestro. ¿Cómo es factible un país en el que tu futuro laboral depende en gran parte del lugar en el que naces? Sólo 1 de cada 10 navarros no encuentra trabajo, mientras que en Ceuta 1 de cada 4 están en la lista del paro. ¿Cómo es posible una Unión Europea en la que sólo trabaja 1 de cada 3 jóvenes españoles y en cambio no tendrás ningún problema si eres alemán? Las razones son difíciles de enumerar y sin duda las soluciones son aún más complicadas. Lo que no parece cuadrar es que la sociedad española siga funcionando con estos datos como si nada. O somos más duros que la mierda de palomo, como se dice en Murcia, o nos ganamos la vida haciendo submarinismo financiero.

Personalmente me encanta que el 1 de mayo sea festivo. Junto al 1 de enero y de noviembre son los únicos principios de mes en los que puedo facturar y enviar informes tranquilo. Bueno, y los dos o tres días 1 que caen en sábado o domingo cada año. Que no suene a queja, siendo la tarea que menos me gusta de las que realizo en mi día a día es la que nos da de comer al cada vez más numeroso equipo de la agencia. Mejor hacerlo relajado, sin llamadas, oyendo música en casa y disfrutando de un café bien cargado antes de salir a dar un paseo con la familia, la consecuencia únicamente importante de esta vida que de peor o mejor manera nos podemos ganar los verdaderos currantes. Que tomen nota y aprendan de nuestro esfuerzo. Falta les hace.

 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
2 de Mayo de 2018

 

 

 

No tengo yo la suerte

A nivel personal no tengo yo la suerte de saber disfrutar de momentos de relajación tirado en el sofá. Sólo los nerviosos extremos entenderán a lo que me refiero. La inexorable necesidad de tener que estar haciendo algo. Siempre. Continuamente. Me obsesiona la idea de perder el tiempo. Lleno la jarra de agua mientras pongo la mesa, controlando con el rabillo del ojo que no rebose. Caliento la leche en el microondas jugando a cargar el lavaplatos en ese rapidísimo minuto. Me lavo los dientes poniéndome el pijama y soy capaz de secarme el pelo, atándome los zapatos mientras me visto. Algunos intentan convencerme de los beneficios de la relajación, el yoga y todo eso que veo tan cercano como la fisión nuclear. Lo he intentado una o dos veces con fracaso estrepitoso. No valgo para descansar y eso al final pasará factura. Pero es superior a mis fuerzas. Envidio a los que se quedan embobados mirando al infinito, absortos en su rica vida interior.

A nivel laboral no tengo yo la suerte de saber desconectar. Iba a escribir “poder”. Mira, ya es un paso. Me despierta gran curiosidad saber qué sentirán aquellos a los que se les cae el boli a las tres de la tarde y no lo cogen hasta las ocho de la mañana del día siguiente. Esos que pulsan Inicio y Apagar su ordenador varias veces por semana. Tampoco tengo la suerte de respirar hondo y pensar que los marrones en el trabajo pasarán por arte de magia. Todo lo contrario, los llevo encima hasta que se arreglan. No acepto una cosa a medias, no dejo un correo sin responder y devuelvo las no pocas llamadas que recibo de números que no tengo guardados. Envidio a los que los viernes dicen “hasta el lunes”.

A nivel psicológico no tengo yo la suerte de saber hacer de tripas corazón. No sé tener “tragaeras”, como dice mi madre. No sé dejar pasar ciertas cosas. No soy de los que sufro por dentro esperando que el tiempo las ponga en su lugar. No tengo sangre fría, me parece algo incluso mitológico de lo que quema la mía. Porque cuando tengo que decir algo lo digo en el momento. Cuando creo que debo hacer algo lo hago en el momento. Quizá muchas veces antes de lo adecuado. De decir o de hacer. Envidio a los gánster y sus frías venganzas. Las mías, de llegar alguna vez, se servirán ardiendo.

No tengo yo estas suertes en estos niveles y aún así me considero una de las personas más afortunadas de este mundo. Un completo Lucky Man, como decía Richard Ashcroft en el inmenso Urban Hymns de The Verve.

 

 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
www.nachotomas.com
Artículo publicado en La Verdad de Murcia el 7 de Marzo de 2018