La lista (otra vez)

Como cada comienzo de año es el momento de los propósitos, de las promesas, de los juramentos y de las proposiciones. Solemos echar la vista atrás por un instante y ver qué ha salido mal, ¿no? Valorar qué hacer para mejorar, ¿no? Intentar olvidar lo malo y hacer borrón y cuenta nueva, ¿no? Pues sí. Algunos dicen que de los errores se aprende aunque tengo serias dudas al respecto. Analizamos la situación, contemplamos la familia, observamos a nuestros amigos, escrutamos nuestro trabajo, nos miramos al espejo y de reojo echamos un vistazo a la báscula. Y no me refiero al peso físico, ese se quita fácil. Mucho más fácil que el psíquico. Los michelines en el alma pesan más, duelen más y son más complicados de eliminar que los de grasa que nos acompañan desde hace ni se sabe.

Como cada comienzo de año es el momento de “la lista”, ¿no? Pues mira, no. Este año no hay lista. Este año no hay intenciones. No nos engañemos con más mentiras.  Este año será el de las acciones y los hechos consumados. Se acabaron los “te lo dije” y comienzan los “ahí lo tienes”. Será mejor girar el cuello ciento ochenta grados y enfocar en el otro sentido, en la dirección que marca el camino. Mirar hacia adelante y ver lo que viene, o al menos intuirlo, considerarlo, razonarlo si te da tiempo y prepararse a recibirlo como un torero y a recibir olés por parte del respetable.

¿De qué sirve engañarte a ti mismo año tras año con las mismas tonterías? Reconozco que yo también hago estas listas con planes concretos, me pongo objetivos e intento cumplirlos… pero luego la vorágine del día a día siempre sitúa en segundo plano los proyectos haciendo que tan responsables fines queden tirados por tierra con el único objeto de volver a formar parte de la lista del siguiente año. Las listas sirven para recordar, no para cumplir. Si quieres obligarte, firma un contrato ante notario. Los árboles, miremos el lado bueno, no nos dejan ver el bosque.

Cada comienzo de año es tan buen momento como cualquier otro. Esos pequeños pasos que vamos dando para adecentar el edificio de nuestras vidas. Ese que no se construye con planos sino con ladrillos. Y los ladrillos pesan, toca ponerles cemento y juntarlos, uno a uno. Poco a poco. Sin planos y sin planes.

Yo también iba a comenzar el año con una lista de buenos propósitos y tal. Pero lo he pensado mejor y en vez de escribirlos, voy a hacerlos. Querido 2018: voy a comerte con patatas.

 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
www.nachotomas.com
Artículo publicado en La Verdad de Murcia el 3 de Enero de 2018

 

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