Pues hace un buen día hoy, ¿verdad?

Posiblemente la del título sea una de las frases más usadas (a la par que estúpida) en nuestras vidas. Incómodos momentos de ascensor, embarazosas situaciones en las que romper el hielo o difíciles formas de comenzar a escribir cuando no tienes ideas a mano. Viendo que me encontraba en la tercera de las situaciones decidí tirar de Twitter pidiendo ayuda sobre temáticas a tratar en la próxima columna, o sea, esta misma que estás leyendo. Las respuestas, gracias a todos, fueron muchas y variadas y he decidido usarlas como fotografía coral de las inquietudes actuales de una parte de la sociedad. Al fin y al cabo, así es como funciona el CIS, ¿no?

El terror al folio en blanco fue una de las primeras contestaciones, cómo se afronta y qué sudores provoca ese momento crítico en que el plazo de entrega se acerca y aún no tienes preparado ni el tema a tratar. Últimamente estoy releyendo clásicos, soy poco de novelas, y debo reconocer que son un buen punto de apoyo para tanto generar ideas como para afinar estilos. ¿Y el repunte de las drogas y el tabaco entre los jóvenes? Pues o yo estoy muy fuera de lugar o creo que en mi juventud había muchas más oportunidades de caer en ese mundo. ¿Y la frontera entre opinión y conocimiento? Menudo papelón, tú. Yo mismo aquí escribo quizá de cosas que no debería por falta de criterio, y eso que me corto, imagina lo que puede pasar en las redes sociales. O peor, en los procesos de participación ciudadana o los jurados populares. Miedito.

La impunidad con que actúan las casas de apuestas en nuestro país fue una respuesta recurrente, da que pensar que tres tuiteros de tres mundos diferentes sacaran el tema. Interesante. También lo fue el deporte amateur, el esfuerzo que afrontan los chavales ilusionados por un objetivo que muchas veces es inalcanzable, costeado por sus propios riñones económicos o esos padres que sacrifican sus fines de semana acompañando a sus hijos hacia sus sueños. ¿Y Franco Battiato? ¡Qué pregunta! Bien dentro lo llevo siempre.

Omnipresencia de los carriles bici, patinetes eléctricos, naturaleza, iniciativas relacionadas con los pedales y, cómo no, algunos detractores (qué pereza). Hubo además otros temas sacados a la luz de diversos y concretos ámbitos: hospitales y su humanidad, aplicaciones móviles para aprovechar la comida que se desecha en restaurantes y tiendas, el efecto de la película “Campeones” y el miedo a que pase de moda y vuelva a dejar en la oscuridad este complejo mundo. Como guinda una aportación realmente interesante: Murcia es la penúltima comunidad autónoma en salario medio, pero una de las punteras en economía sumergida. ¡Ta-chán!

Como veis, Twitter aún puede darnos grandes e interesantes debates tocando las teclas correctas. Dedicado a todos los que lo daban por muerto.

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
27 de marzo de 2019

Los treinta y uno de Marzo

Todos los meses tiene un aquel, pero Marzo es más. Y no me digan que se escribe con minúscula. Las conversaciones en el tercero del año quedan en el aire a medio camino entre el vaho del frío que se va y el vapor del calor que llega. Son los treinta y uno del tercero del año cada cual de su padre y de su madre. Ayer de manga corta y hoy lloviendo. Las Fallas a punto de quemarse, paellas en la Malvarrosa y en Económicas, dos semanas de vacaciones si eres crío y el Miércoles Santo asomando. Año sí y año no en la hoja del calendario. Año no y año sí en la playa o en la estufa. Tormenta o solanero. Nit del Foc.

Bautizado por Gregorio XIII en honor a la guerra, para mí Marzo es un mes de paz. Sobre todo interior, los cambios climáticos apaciguan el alma. Acaba el invierno y comienza la primavera, tenemos el Día Mundial del Síndrome de Down y Día Mundial del Agua. En Marzo se descubrió la radioactividad, abrió la Biblioteca Nacional de España, se presentó por primera vez la tabla periódica, nacieron Miguel Ángel, Vivaldi y Alexander Graham Bell.

En Marzo nació Mijaíl Gorbachov, Cristóbal Colón pisó Europa de nuevo tras descubrir sin querer el Nuevo Mundo y murió el modernista D. H. Lawrence (autor de la inmortal “Hijos y amantes”, elegida por la Modern Library como una de las mejores 100 novelas del siglo XX).

En Marzo se descubrieron los anillos de Urano, unos hijos de puta mataron a 192 personas en Madrid, nacieron dos genios: Albert Einstein y José Luis López Vázquez, se publicó la Pepa (primera Constitución Española), abdicó Nicolás II (último zar de Rusia) y otro ruso dio el primer paseo espacial de la historia.

En Marzo abrió los ojos Johann Sebastian Bach y los cerró Isaac Newton, los argentinos vivieron un golpe de estado militar, nació Akira Kurosawa y murieron tres grandes: Julio Verne, Ludwig van Beethoven y Claude Debussy (ojo/oreja a sus míticas Arabesques).

En Marzo mueren 600 personas en el Aeropuerto de Los Rodeos de Tenerife, siendo el accidente con mayor número de víctimas de la historia de la aviación mundial, que se dice pronto, se inaugura la Torre Eiffel, nace Van Gogh y fallece Miguel Hernández (podrido en una cárcel y con sólo 31 años).

En los treinta y uno de Marzo caben dos estaciones, cabe el día de la Mujer, el del Padre y San Patricio, patrón de Irlanda (lo sabías), de Murcia (no lo sabías) y de la cerveza (porque yo lo valgo).

Si aún después de todo esto no crees que Marzo es más, tenemos un problema.

Brindo por Marzo y los que vengan.

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
20 de marzo de 2019

Los pies en la tierra a diez mil metros de altura

Hay pocos aeropuertos en España con la mala fama de Bilbao. Se trata de una pista encajonada entre colinas, golpeada habitualmente por los típicos vientos del norte del país. He llegado volando a este lugar muchas veces en los últimos años pero nunca había vivido lo que sucedió volviendo a casa el pasado miércoles.

Ya en la ida, cosas de la cabeza, me planteaba muchas cosas respecto a la vida que llevamos estos que viajamos tanto. Me levanté a las 4 de la mañana en Murcia, para llegar con el coche al aeropuerto de Alicante, tomar un primer vuelo a las 7 dirección Barcelona y desde allí el definitivo a la capital vizcaína a tiempo para la reunión de las 11. Palizas habituales como estas hacen que valore las cosas que tenemos, lo que debemos hacer para conseguirlas o mantenerlas y las recompensas/sacrificios en juego. Y no sólo con aviones, los machaques son continuos en cualquier medio de transporte cuando tienes trabajo en todo el país y vives en Murcia. El precio a pagar por estar en el paraíso. Un paraíso desconectado logísticamente del mundo, todo sea dicho.

Pero volvamos al aeropuerto de Bilbao. A mi alrededor personas como tú y como yo, con sus ordenadores, sus agendas, sus cafés para llevar, sus auriculares y sus importantísimas llamadas telefónicas en sus últimos modelos de smartphone. No ha salido el sol y ya vamos todos a mil por hora. Algo desencaja. Algo no es auténtico. Quizá sea impostura. Quizá sea inercia. Quizá sea cualquier cosa mientras sea algo de lo que somos conscientes. O inconscientes. Aceptarlo es el primer paso. El segundo podría ser ponernos serios con esto: Trabajar para vivir o vivir para trabajar. ¿Los autónomos somos héroes o “emosidoengañado”?

No es la primera que a mitad de un vuelo a diez mil metros de altura siento que tengo los pies más en el suelo que nunca. Mis lecturas aéreas han pasado de un extremo basado en el modelo que podríamos llamar neoliberal o post industrial, centrado en la productividad, economía, finanzas y auto realización (explotación) a otro que aboga por más tiempo para uno mismo, más salud y desconexiones temporales, menos trabajar, más familia, menos estrés, más deporte e incluso menos planificación y más tirar de instinto, que con tantos años de experiencia puede que no sea del todo malo. Cambio de enfoque, balanceo del peso de tu propio cuerpo de una pierna a otra, como cuando estás demasiado tiempo de pie esperando algo.

Qué necesario repensarnos de vez en cuando. Revisarnos de vez en cuando. Repesarnos. Repasarnos.

Pero es que en el fondo nos gusta. Y ya se sabe que palos con gusto…

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
13 de marzo de 2019

El móvil infinito

Intento hacer memoria pero no consigo concretar cuándo compré mi primer teléfono móvil. Fue en una tienda de electrodomésticos que vendía lavadoras y calculadoras. Un Motorola con tapa de plástico que se abría para acceder al teclado y al que había que estirarle la antena para coger algo de cobertura.

Hace tanto tiempo que aún no entendíamos cómo funcionaban los mensajes de texto y tuve que explicar a varios familiares la magia de escribir algo con aquellos teclados, en los que cada número tenía tres o cuatro letras, y que llegara al destinatario ipsofacto (o casi). Aquellas tarifas suenan a chino ahora, con establecimiento de llamada o tener que esperar a la noche, al menos yo por mi plan, para poder hablar un poco más por un poco menos. Las baterías duraban dos horas escasas.

Recuerdo con especial cariño el tacto de las teclas de goma que además se iluminaban, las mini pantallas grises con letras y números cuadriculados, recibir un mensaje era una fiesta y había que hacer malabares para que cupiera la respuesta de vuelta sin pasarte de caracteres. ¿Una precuela de Twitter? Qué decir de aquellas marcas ya olvidadas: Sony, Alcatel, Eriksson y la joya de la corona: Nokia. Yo era muy fan de Nokia, por mis manos pasaron modelos de todo tipo y sufrí en mis carnes las modas que los hacían cada vez más pequeños. Joder, lo que costaba marcar algo en el 8210 y las horas que me pasé en los descansos de la biblioteca de la Universidad jugando al Snake en el 3310. Disfruté del novedoso huevo 6600 y del modernísimo, ríete tú ahora, N95 y su sistema operativo Symbian. A veces aún suena en mi cabeza de vez en cuando el mítico tono de llamada “Circles”. Leches, sueno a abuelete.

Recuerdo a mi padre, sacando el bolígrafo y apuntando en su agenda de papel mi número, un número que veintipico años después sigue siendo el mismo. Y aquí empieza la odisea. He tenido, como casi todos, muchos trabajos diferentes y en ninguno he querido un número nuevo o tener que cargar con dos aparatos. Y en semanas como éstas, que están sido atómicas laboralmente, me planteo seriamente que quizá ha llegado el momento de conseguir una nueva identidad móvil para mi familia y amigos. Es complicado vivir con este volumen de llamadas al día, la inmensa mayoría de las cuales son de números que desconozco y cojo siempre por deformación profesional. ¡Pero es que aún a veces me preguntan por la discográfica en la que dejé de trabajar en 2005!

Seguiré informando. Quizá desde un nuevo número de teléfono. Se me va a hacer difícil soltar estos sietes y más ahora que mis hijos se lo han aprendido.


UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
6 de marzo de 2019