Por todo y por ahora.

Por lo que hemos construido con el sudor de nuestra frente y lo que hemos destrozado quedándonos en la gloria. Por los que nos han traicionado estando cantado y a los que hemos fallado sin esperarlo. Por la suerte y la desgracia. Por los que hablan sin saber y los que saben sin hablar. Por los aciertos y las cagadas. Por los planes frustrados y los imprevistos triunfantes. Por las ciudades. Por el tiempo perdido y por el estrés.

Por nuestros hijos, padres, abuelos, cuñados y sobrinos. Por el asesor fiscal y por los animales. Por el amigo al que no llamaste en todo el año y por el que te llama todos los días. Por los que mienten más que hablan y los que sin decir nada te ayudan tanto. Por los clientes y los proveedores. Los que te inspiran y los que te copian.

Por los números rojos, los whatsapps verdes y las caras duras. Por la esperanza, la templanza y la prudencia. Por hablar menos y escuchar más. Por parar a tiempo. Por morderse la lengua. Por saber decir que sí y por saber decir que no. Por ese jefe imbécil y los compañeros gilipollas. Por los que no comen ni dejan comer. Por la vergüenza ajena, el amor propio y el auto control. Por el que sentencia sin razón y el capaz de callarse teniéndola.

Por madrugar, por trasnochar, por las siestas en el tren. Por las llaves y el bluetooth. Por los que huyen, los que fluyen y por los que caen, irremediablemente. Por los bailes agarrado con legañas en la cocina. Por las reuniones a las que acudir en traje y las videollamadas en calzoncillos. Por los discos que acabas odiando. Por los libros que te dejan en shock.

Por los agoreros que le echaron diez años a casi todo y no ven que a esto le queda un buen rato. Por las cremalleras subidas y los botones desabrochados. Por el café con leche. Por las turbulencias en los aviones y por bucear buscando peces. Por las películas en el sofá y las series en la pista de atletismo.  Por las notas al final del trimestre.

Por los momentos para olvidar y los instantes para el recuerdo. Por los codazos en la salida de un triatlón. Por los podios y por las retiradas. Por hache o por b. O por ene. Por el blanco, por el negro y por el naranja. Por el seis, el ocho y, cómo no, por el siete.

Por crecer y mirar hacia arriba. Por estabilizarse y mirar hacia atrás. Pero por ahora y sobre todo: por mirar a los lados y sentir que, un año más, estamos sanos y bien acompañados.

 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
www.nachotomas.com
Artículo publicado en La Verdad de Murcia el 27 de Diciembre de 2017

 

 

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