Los logotipos también envejecen

Tras muchas reuniones y deliberaciones entre los socios, los accionistas o el equipo directivo, por fin alguien se decide a llevar a cabo el cambio de imagen de marca. Todos los años vemos cómo algunos de los grandes emblemas nacionales o mundiales afrontan un cambio de estas características, principalmente a través de su logotipo. Sólo en este 2019 tenemos los ejemplos españoles de BBVA, Correos, Cola Cao o Zara, nada menos. Y si echamos la vista un poco atrás veremos que prácticamente todas las marcas que nos rodean han cambiado: partidos políticos, medios de comunicación o equipos de fútbol.

Los motivos suelen ser variados, aunque actualmente la causa principal para ejecutar el “rebranding” suele ser la digitalización y adaptación a los nuevos soportes y canales de comunicación, principalmente redes sociales y páginas web. Aunque también puede deberse a obsolescencia (por llamarlo finamente), cambios de nombre, culturales o incluso de legibilidad. Sea como sea, toca ponerse en la piel de los clientes y entender lo que transmitirá el cambio. Se puede tratar de una operación quirúrgica completa o de un lavado de cara más sencillo, a modo de “restyling”. A partir de este momento nos enfrentamos a una serie de soluciones y consecuencias que merecen ser tenidas en cuenta, se trata de un paso muy importante que no siempre se ejecuta de la manera correcta, a veces corriendo riesgos innecesarios o cambios de posicionamiento no deseados.

Acostumbrado a hacerlo para los clientes con el equipo de diseño gráfico de mi agencia, hace unos meses nos vimos inmersos en este proceso desde dentro, “sufriendo” en nuestras propias carnes la cantidad de cabos que no se pueden dejar sueltos en el asunto. Tras muchos años con el antiguo logo, el nuevo N7 salió a la luz seleccionado por unanimidad.
Cambiar el logotipo supone dos grandes cambios globales. Por un lado, el físico, en nuestro caso hubo que actualizar los perfiles de redes sociales, la web, los anuncios que tenemos contratados, las equipaciones de los equipos deportivos que patrocinamos, tarjetas de visita, firmas de los correos y dosieres de venta para clientes. Por otro lado, el mental, asumiendo que el cambio de marca se realiza hoy pero se afianza en el futuro, ganando peso exponencialmente con el paso del tiempo. Quizá esto último sea lo más difícil y con unos resultados que solo podremos valorar dentro de unos años. Estamos convencidos de haber acertado, sabiendo que tuvimos en cuenta todas las variables a la hora de realizarlo, visualizando una evolución equilibrada y positiva.

Quizá ahora mires alrededor y sientas que a alguno de los miles de logotipos que te rodean le falta chispa o ha quedado anticuado. Eso mismo nos pasó a nosotros y en vez de dejarlo pasar, nos enfrentamos a una decisión con alta resistencia al cambio, pero con unos resultados que a la larga van a ser los deseados.

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
24 de julio de 2019