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Tu árbol genealógico

Mi hija acaba de cumplir diez años y, claro Papá, hay que hacer una buena fiesta, alcanzo dos cifras y lo más probable es que no llegue a las tres. Momento rígido. Tuve la suerte de conocer a tres de mis cuatro abuelos e incluso mantuve  una relación intensa con ellos. Me contaban las historias de sus progenitores, todos longevos, así que respondo: ¿Cómo que no, hija mía, si yo llegaré seguro a los ochenta por qué no ibas tú a alcanzar los cien?

En estas profundas conversaciones me hallo cuando me da por pensar en la descendencia, pero no a los niveles más cercanos sino a larga distancia. Echando la vista hacia arriba 25 generaciones en tu árbol genealógico e imaginando que la edad media para tener hijos son los treinta, nos encontramos con que en el año 1268 teníamos por encima aproximadamente 30 millones de familiares directos. La población de España en esa fecha (reinaba Alfonso X el Sabio, nada menos) rondaba los 5 millones. ¡Sorpresa! Mira al primero que te cruces por la calle, sois seguramente primos en algún grado y compartís sangre en un porcentaje mayor o menor. Y si tiramos un poco más allá la cosa se complica llegando a un punto en el que tendríamos más ancestros que población mundial. ¿Cómo se explica esto? Alguien se comió el tarro antes que yo y le llamó la paradoja del “Colapso del Pedigrí”, los numerosos ascendentes comunes que tienen descendencia entre ellos, ya sea de manera consciente (la más que habitual consanguinidad de las monarquías españolas es un buen ejemplo) o inconsciente (muy probablemente tu cónyuge sea primo séptimo).

No deja de ser fascinante pensar que si tú estás hoy aquí leyendo esto ha sido necesario que todos tus miles de abuelos llegaran vivos a la edad de procrear. Y que procrearan. En la actualidad parece sencillo, pero en el siglo XIII no era tan fácil. El resultado de todos esos miles momentos eres tú. Mira hacia arriba y verás una enorme masa que ha desembocado en ti. Hemos podado nuestro árbol genealógico, ahora toca regarlo.

Piensa que dentro de setecientos años serás tú uno de los progenitores de esa futura persona que quizá se ponga a pensar también en esto. Pero dentro de muchos menos años habrás desaparecido y dentro de un poco más habrán desaparecido tus hijos. Para esa persona sólo serás uno de sus millones de abuelos que se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Una gota insignificante pero sin la cual el proceso se acabaría. Somos el banal eslabón en la cadena de la vida de otro. De otros.

Aparentemente intrascendentes pero a la vez imprescindibles. Somos grandes, somos pequeños, somos nosotros. Nada más y nada menos.

 

 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
www.nachotomas.com
Artículo publicado en La Verdad de Murcia el 18 de Abril de 2018

 

 

¿Qué puede pedir a los Reyes Magos un niño que lo tiene todo?

Las noches del 5 de enero en mi casa han sido míticas siempre. Preguntad a mis cuarenta primos hermanos. Melchor, Gaspar y Baltasar llegaban cada año de madrugada mientras dormíamos y nuestros padres nos despertaban para que saliéramos a la calle a despedirnos de ellos a lo lejos aún medio en vela y con legañas en los ojos. Sus Majestades siguen llegando en persona cada año y nuestros hijos son ahora los que alucinan. Siguen con esa ilusión, alejados del descomunal consumo que les rodea.

Es difícil educar en valores en la actualidad. ¿Cómo negarle un móvil si lo tienen todos sus amigos? Pues tan sencillo como nuestros padres nos negaban año tras año aquello que tanto deseábamos y no por ello crecimos traumatizados. Imprescindible aprender a tolerar la frustración como formación vital.

En casa seguimos empeñados en comenzar la carta a los Reyes Magos con un saludo, una introducción, una petición y un gracias. Algo que por lógico no debería sorprendernos. La vida nos rodea y el consumo rodea la vida. En casa seguimos empeñados en no comprar tonterías a nuestros hijos fuera de los cumpleaños y los santos. En casa durante el año hacemos limpieza de todo aquello que no necesitamos dándole un buen uso allá donde realmente es necesario. En casa heredamos y damos en herencia.

Nuestro trabajo como padres, como padrinos, como tíos y como abuelos es hacerles ver el valor de cada cosa que tienen, de cada juguete con el que juegan, de cada amigo del que disfrutan en el colegio, de cada plato que se echan a la boca y de cada prenda de ropa que les quita este brutal frío que nos ha cogido de nuevo este año un poco por sorpresa.

Solo así serán de mayores hombres y mujeres de provecho, que harán a su vez valorar las mismas cosas a sus hijos y quiero pensar que el círculo cada día se cerrará un poco, en lugar de aumentar a lo bestia en una espiral de despilfarro que en mi casa no estamos dispuestos a alimentar. Hay momentos en que la Navidad me gusta cada día más y otros en que no la soporto.

¿Qué puede pedir a los Reyes Magos un niño que lo tiene todo? Que pida lo que quiera, ellos no filtran. Nuestro trabajo es dificultarles ciertas cosas. Ley de vida, chavales. Y negándoles lo superfluo valorarán mucho más lo imprescindible. Eso que afortunadamente no les falta.

 

 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
www.nachotomas.com
Artículo publicado en La Verdad de Murcia el 6 de Diciembre de 2017

 

 

Nuestro testamento musical.

Enciendes la radio y ahí está. Vas una fiesta de cumpleaños de niños de siete años y ahí está. En las tiendas, en las cafeterías, de fondo en los vídeos de internet, en los desfiles de carnaval de los pueblos y como tono de llamada en el móvil de tu compañero de trabajo. Pasas junto al coche de los padres de los compañeros de colegio de tus hijos y también está. Nos rodea por todos sitios. Y ya veremos si las bandas de música de Semana Santa no nos sorprenden reproduciéndola, no sería la primera vez. Todo el mundo se sabe la letra. Ya sabes, cuánto más escuchas algo más a fuego se te mete en el cráneo. Y lo peor es que parece que no nos paramos a pensar en lo que dice. O no le prestamos la atención necesaria.

Hablo de la canción “Despacito”, de Luis Fonsi. Una bazofia de proporciones bíblicas que tiene mucha más miga de la que parece. Dejando de lado la carencia absoluta de un mínimo de gusto armónico y compositivo, dejando de lado la total falta de algo melódico más allá del constante pum-pipumpi-pum-pipumpi reggaetonero que se repite hasta el infinito en todas estas creaciones (por decir algo pues parecen salidas de una fábrica de tornillos), dejando de lado decía, el aspecto musical, nos encontramos con la letra. Y aquí, mucho ojo, tenemos un grave problema.

No voy a reproducir los fragmentos más sangrantes de este atentado a la dignidad. Te dejo a ti, lector, ese trabajo. Vuelve a escuchar la canción con oído crítico y piensa si esto es lo que quieres para tus hijos. Y no es la única, tenemos cientos de ejemplos en otras tantas canciones con las que nos machacan día y noche desde hace un tiempo: “Si me das yo también te doy”, “Por ti yo guardé mi pistola”, “A ella le encanta la gasolina”, “Tienes un cuerpo brutal que todo hombre desearía tocar”. Y paro que me enciendo.

¿Cómo no va a pasar luego lo que pasa si hacemos la vista gorda evitando educar en valores e igualdad a nuestros pequeños? ¿No nos damos cuenta que nuestros hijos interiorizarán estos comportamientos y en unos años pueden entender que se trata de algo normal? En juego está nuestro testamento musical.

Padres: seamos responsables impidiendo que letras como las de estas canciones lleguen más lejos. Radios musicales: impidan que esto se difunda repitiéndolo hasta la saciedad. Profesores: no pongan estas basuras para el baile de fin de curso de los niños.

Y no echemos sólo la culpa al reggaetón que viene de fuera, en España tenemos excelentes ejemplos de majadería como en Andy y Lucas: “Ella es la que aguanta mis malos humores y encima de todo se calla”. Mientras permitamos que nuestros hijos escuchen semejante tropelías nos merecemos llorar viendo cómo en el futuro pasa lo que pasa.

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
www.nachotomas.com
Artículo publicado en La Verdad de Murcia el 1 de Marzo de 2017

Huelga de deberes.

La Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA) ha hecho un llamamiento para quejarse sobre el exceso de deberes con una acción llamada “huelga de deberes”. La idea es que durante los fines de semana de noviembre los niños no hagan las tareas de casa. Quizá el nombre elegido sea poco acertado, aunque esta acción forma parte de otra mayor campaña titulada, ahora con más acierto: “En la escuela falta una asignatura: Mi tiempo libre.”

Foto: Escritosuno Tumblr

Foto: Escritosuno Tumblr

 

No recuerdo haber hecho deberes en mi vida. Esto no quiere decir que no los tuviera, ojo, sino que no lo recuerdo, por lo cual extraigo que no fue el trauma en que se está convirtiendo actualmente para algunos niños. No me refiero a sobreprotección, considero que los deberes son necesarios, pero me niego a aceptar que sea visto como normal que una niña de 8 años tenga una hora diaria y encima necesite ayuda paterna. En la universidad no estudiaba tanto tiempo al día y acabé mi carrera perfectamente. Cuando había exámenes me ponía a ello, bien organizado y encajando con escuadra y cartabón mi trabajo de repartidor de pizzas. Cierto que sufría, como todos, algunos atracones, pero tampoco dejaba nunca nada para el último día.

Se ha metido en el mismo saco que defender la huelga de deberes supone no valorar la cultura del esfuerzo. Me da la risa. ¿A mi mujer y a mí nos va alguien a enseñar lo que es el esfuerzo? Dos autónomos que echamos más horas que un reloj para poder llevar un sueldo a casa, igual que otros tantos. Acomodados y sin quejarnos no conseguiremos nada. Hay que moverse de vez en cuando. Y sí, defiendo la huelga de deberes, tras haber hablado primero con el colegio de mis hijos. Las cosas a la cara. Dijeron tomar nota. ¿Alguien en su sano juicio piensa que unos niños de 7 y 8 años que se pasan de 9 a 17 en el colegio necesitan una hora más al día de trabajos en casa? Ay, cuántas bocas llenas de conciliación.

Resulta también curioso la cantidad de educadores que se dan por aludidos cuando la culpa sólo es del sistema educativo de chiste que tenemos. Maestros, esto no es un ataque a vosotros, al menos en mi caso/casa. Creo que se puede estar en contra de unos deberes sobredimensionados por un lado y defender la figura del profesor por encima de todas las cosas. En casa mandan los padres y en el cole los profes. Nosotros educamos, ellos enseñan. Mis hijos lo saben perfectamente, y desde pequeños les hemos inculcado que lo que dicen sus maestros es dogma de fe. Incluso cuando como todos se equivocan, no les corregimos nunca.

Para guinda se está politizando un tema ya bastante politizado de por sí mientras que los afectados (profesores, padres y sobre todo niños) sufren las consecuencias. ¡Vamos apañados!

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
www.nachotomas.com
Artículo publicado en La Verdad de Murcia el 9 de Noviembre de 2016