Fumadores

Hubo un tiempo en que fumaba. No mucho. La época de estudiante universitario, no recuerdo si quizá realmente fue acabando el instituto por el efecto imitación. El hecho es que fumaba y me gustaba pero nunca me enganché. De la misma forma que comencé lo dejé, indolorosamente.

No me molesta ni el humo ni el olor. Veo a la gente que todavía fuma, me gusta verles, son una especie de valientes apestados sociales. Se les ha ido arrinconando con circenses leyes que dejaron endeudado a más de un hostelero tras afrontar la obra de su local separándolo en zonas. Un dinero tirado a la basura poco después, cuando prohibieron totalmente fumar en los locales privados. Eso sí, qué bonita quedó esa mampara de metacrilato.

Tabaco Fumadores

Las restricciones fueron aumentando y no es de extrañar que antes o después sólo puedan fumar en sus casas, a las que todavía algunos invitados tienen la poca vergüenza de quejarse del olor cuando van de visita. En mi casa no fumamos, pero si vienes a vernos podrás hacerlo sin tener que salirte al balcón, luego ventilaremos si es necesario. Si nos ponemos así, por qué no prohibir que ciertos conocidos usen el baño, algunos de sus efluvios son más radioactivos que los del cigarrillo.

Vale que los fumadores pasivos también pueden sufrir cáncer de pulmón y que los niños son especialmente afectados. Tengo dos hijos y me preocupa bastante más la cantidad de contaminación que respiran cada día en la calle, repleta de coches diesel que nos vendieron como verdes y nos están matando silenciosamente. Me preocupa más que sus compañeros de clase merienden cada día bollería industrial en lugar de un bocadillos de queso y salchichón. Pero el tabaco es malísimo, los fumadores son unos delicuentes y para evitarlo se gastan chorrocientos euros en campañas de concienciación.

Me recuerda a cuando prohibieron comprar alcohol pasada cierta hora de la noche, en un claro ejemplo de matar moscas a cañonazos para evitar ciertos comportamientos ciertamente criticables. ¿Y si voy a cenar a casa de un amigo y quiero llevar una botella de vino? Tengo que cometer un delito para ello. Y no pasa nada. Terrible.

Por supuesto también creo que falta a veces algo de sentido común por parte de los fumadores, no puede haber un manto de colillas en la puerta de urgencias de un Hospital, muchas de ellas tiradas y pisadas en el suelo por los propios trabajadores, con sus batas blancas. La imagen que dan es justo la contraria por la que deberían luchar, su libertad. Flaco favor a sí mismos verles chupando los cigarrillos como locos todos juntos y separados del resto.

Para hacer cualquier cosa parece necesario tener que conocer unas instrucciones, todas nuestras acciones está milimetradas, nos van prohibiendo y recortando: hacer derporte en ciertos lugares públicos, bañarte en el mar con banderas de colores, rebuscar en la basura, dormir en la calle aunque no tengas casa, ir en bicicleta libremente, circular en moto sin casco, todo tipo de restricciones a la hora de ir en coche, manifestarte en la calle… y mientras tanto, nos perdemos en disquisiciones estúpidas como el sexo de los ángeles y los trajes de los Reyes Magos, pero el tabaco sigue siendo legal en lugar de prohibirlo.

A veces creo que lo disfrazan de “vuestra propia seguridad” pero concretamente se refieren a “nuestro propio bolsillo”.

 

Foto: Ryan Goldman

 

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Tenemos que atajar esto. No hay otra forma.

Temporada negra.

Son ya varios los muertos practicando deporte que se han producido en las últimas semanas en Murcia. Hablo de esta ciudad porque es en la que vivo y de la que me llegan las noticias, pero seguro que sucede lo mismo en cualquier otra capital de España.

Los motivos imagino que son diversos. ¿Educación vial? ¿Preparación deportiva? ¿Masificación?

Deporte y Vida

Analizaré, desde la experiencia personal, los tres arriba expuestos:

  • Educación Vial: Cualquier persona que hace deporte en las calles ha tenido un susto alguna vez. Vehículos que piensan que la ciudad es suya. Ejercitarse por zonas no habilitadas corriendo con ello un riesgo innecesario. Llevar auriculares con música mientras patinas. Coches que no mantienen la distancia de seguridad al adelantar. Bicicletas que circulan indistintamente por las aceras y la calzada. Motos que no ponen el intermitente. Autobuses que arramblan con todo. Taxistas que abren puertas cuando menos te lo esperas. ¿Cómo solucionamos este primer motivo? Creo que la respuesta es clarar: más educación. No sólo vial. Educación cívica.
  • Preparación deportiva: Hay quien se lanza a hacer una maraton sin haber corrido en su vida más de 5kms. Otros no tienen en cuenta la hora del día y te los encuentras corriendo a las tres de la tarde, con cuarenta grados a la sombra. Otros, simplemente, se dejan llevar y, con el subidón de adrenalina que produce una competición, sobrepasan sus límites con fatídicas consecuencias. También hay casos de muerte súbita, que puede sufrir hasta el mejor profesional, no lo olvidemos. Y que nadie se confunda: cuando estás realmente preparado, la frontera entre la diversión y el sufrimiento es finísima. Sufrir disfrutando, disfrutar sufriendo. Pero sin peligros.
  • Masificación: A nadie se le escapa que la moda running está pegando fuerte. Hace unos años no se veía a nadie haciendo deporte por la sierra, como mucho un par de ciclistas de montaña. Hoy te vas un domingo a la mota del Río Segura o la Cresta del Gallo y hay más gente que en IKEA o la la Plaza de las Flores. Esto, por más que a muchos moleste, a mí me parece maravilloso, nos respetarán más cuántos más seamos. Pero en el caso que nos ocupa actúa de manera estadística, si somos más, más posibilidades de accidentes para el grupo en general. La ley de los grandes números.

Pocas cosas deben ser más tristes que morir mientras estás disfrutando de tu tiempo libre, en compañía de tus amigos o familiares.

¿Está a nuestro alcance acabar con esto? Por mi parte pienso ponerme manos a la obra.

Y tú, ¿tienes alguna sugerencia?

 

 

 

 

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¡Más café!

Las teorías sobre el café me quitan el sueño.

Origiario de la siempre rimbombante Abisinia (mucho más glamour que Etiopía, su actual nombre) y prohibido en el mundo musulmán durante algún tiempo por ser considerado un peligro público, el café llegó a Europa en el siglo XVII.

Bendita la hora.

Café

No sé tú, pero yo estoy harto de leer informes científicos a favor de ciertos alimentos que luego son tirados por tierra años después, tildándolos de malignos. El vino, por ejemplo, ha sido considerado bueno, luego malo, más tarde cancerígeno, posteriormente mortal y ahora su consumo moderado, parece que hay consenso en decir que, generalmente, ayuda a la circulación sanguínea del personal. Los huevos fritos con patatas o la carne roja han vivido unos semejantes altibajos salubres. Y qué decir de la cerveza, las verduras o el aceite de oliva.

Vale, lo que diré ahora es una burrada, pero la dieta mediterránea se lleva por delante de cáncer de estómago a gente con 40 años. En cambio hay fumadores y bebedores de whisky que llegan a los 90. No me creo nada de esos informes, detrás de todos y cada uno de ellos hay casi siempre un interés oculto. Que me crucifiquen mis amigos de la ciencia. O no.

No sé tú, pero yo estoy harto de las modas pseudo-científicas, pienso hacer caso a mi lado más escéptico y seguiré tomando 5 o 6 cafés al día.

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