De continentes y maratones

A veces la mejor manera de sobrellevar una lesión es fijarse un objetivo a largo plazo. Qué digo largo, larguísimo. Y siempre es bueno hacerlo en grupo. Quedan casi dos años para la próxima etapa deportiva que he marcado a fuego en mi calendario. Miedo me da pensarlo viendo cómo tengo las rodillas actualmente: a la rotura hace poco del menisco izquierdo se ha sumado la misma avería en el derecho. Serán los cuarenta o será lo que sea, pero estoy jodido deportivamente hablando. Es curioso cómo el cuerpo puede acostumbrarse a pasar tan rápidamente de entrenar todos los días (incluso muchas veces doblando) a no hacer nada de nada durante semanas. Los kilos vienen tan rápido como las ganas se van. Por eso es ya momento de visualizar, de continuar la recuperación con un puntito más o esto se me va de las manos. Para colmo se ha juntado el hambre con las ganas de comer: Un volumen de trabajo bestial colándose por todas las rendijas del día a día. De septiembre no pasa, cada cuatro años toca priorizar, lo veo venir.

Pero volvamos a los objetivos. Tokio es uno de los míticos “6 Majors” internacionales junto a Boston, Londres, Berlín, Chicago y Nueva York. Tres maratones en América, dos en Europa y uno en Asia. Realmente no me atrae demasiado hacer los seis, pero de uno por continente sí que no pasa. En 2014 fuimos a NYC y en 2015 al de Alemania, en 2020 no podemos faltar a la cita japonesa que además será sede de los Juegos Olímpicos.

Recuerdo perfectamente la organización del primer viaje, donde cincuenta murcianos (la mayoría novatos en la distancia de 42 kilómetros) zarpamos hacia la Gran Manzana con una ilusión en la mente: cruzar la meta de Central Park. Ese 2 de noviembre de 2014 hizo un frío y viento criminales. Aquello no es una carrera, es una peregrinación. Juré, y por ahora mantengo, que no me volverán a ver correr por esas calles. Conseguimos tantos patrocinadores y repercusión que al año siguiente repetimos en Berlín. Nada que ver a ningún nivel: Recorrido, clima ni organización. “Si el Maratón de Nueva York es como Vietnam, el de Berlín es un paseo por la Casa de la Pradera”, dije en alguna entrevista.

Aquí tienes las crónicas de las dos gloriosas aventuras pasadas y toda la información de la próxima, por si quieres acompañarnos al periplo asiático que además de deporte siempre incluye otros notables momentos.

Maratón de NYC 2014

Maratón de Berlín 2015

Será, como los anteriores, un viaje memorable. Ya tenemos las primeras inscripciones y las plazas suelen volar… ¿Te animas a acompañarnos?

 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
13 de junio de 2018

 

El hotel que no

Cuando viajas hay que dormir. Si lo haces mucho tienes experiencias de todo tipo. Pero lo sucedido esta vez en Valencia ha sido tan kafkiano que merece ser contado. Mi mala costumbre de ordenar hoteles por precio, mirar por encima la puntuación y confiar en el instinto. Me he equivocado alguna vez pero nunca me había sentido estafado de esta forma.

Congreso de tres días. Madrugón desde Murcia. Entiendo que no pueden darme la habitación tan pronto así que solicito por email que me permitan dejar la maleta. Sin problema, dicen. Desde el tren llamo varias veces pero no cogen el teléfono en ninguno de los números. Qué raro. Me planto en la puerta y nadie abre, recibo un whatsapp una hora más tarde diciendo que me esperan a la hora prevista. Primera mentira. Estoy paseando la maleta por la ciudad.

A medio día quedo con el chaval que está en recepción (solo un rato cada jornada) y no doy crédito. Antiguo piso convertido en cochambroso alojamiento. Pido factura. Me la enviarán por mail. Me dan habitación “deluxe” por las molestias (no quiero imaginarme las normales) en la que no cierra la persiana, no hay nada de la lista que aparece en la ficha y las almohadas/sábanas están dudosamente limpias. El primer día la ordenaron, los siguientes ni aparecieron. Me quejo por whatsapp (recordad que no cogen el teléfono) y dicen que se le ha debido pasar al encargado. Joder, son 8 habitaciones, no el Palacio de Buckingham. Intento desayunar pero no hay platos. Siete de la mañana y todos sucios. Me vuelvo a quejar y dicen que han debido almorzar muchos. Otra mentira: el comedor estaba igual de sucio la noche anterior. Intento conectarme al wifi y tampoco. Inaccesible tres días. Pido de nuevo la factura.

Hay cuatro baños compartidos para ocho estancias. Dos tienen váter y dos tienen ducha. Toca elegir. Toalla de manos comunitaria, nada en el suelo y fregona sin cubo. El baño está tan encharcado que el agua sale por el pasillo. Después de ducharte, tienes que cambiar de cuarto si quieres hacer pis. O viceversa. Dicen que lo limpian dos veces cada día. Otra mentira: apuesto a que no lo hacen ni una vez cada semana. La ducha está asquerosa, el resto del baño mejor ni recordarlo.

En la última mañana no queda ni café. He tenido que usar el bar de abajo los tres días. La factura llega al fin pero va sin IVA. Estaba cantao. Salgo a mirar la terraza/solárium antes de despedirme y veo cuatro sillas de plástico en el fondo de un oscuro y andrajoso patio interior.

Y todo esto por nada menos que 197€ tres noches. Amigos de Booking, habéis perdido un gran cliente. Que el dueño de un establecimiento sea pirata y quiera metérmela pase, que vosotros seáis cómplices me repatea.

 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
23 de mayo de 2018

 

 

Sentido propio

Volvemos a casa conduciendo desde el quinto pino en un coche alquilado con la música a toda pastilla. Hablando de lo bien que ha ido todo, de lo cansados que llegamos siempre como precio a pagar, de cómo ha evolucionado nuestra idea en estos últimos años. También de lo bien que lo pasamos juntos. Qué suerte y qué necesario. Y ya estamos pensando en la próxima parada, en unas semanas volvemos a la carga en otro punto de España. Es el momento. Hace diez años no teníamos la capacidad y dentro de diez no tendremos la fuerza. Que siga.

Van fluyendo todo tipo de estilos desde mi móvil hacia los altavoces del automóvil, a través de ese maravilloso invento llamado Bluetooth, dicen que en honor a un navegante que conectó diversas tribus vikingas, unificándolas.

Suena la M.O.D.A. Son la última sorpresa musical que he descubierto gracias a esa genial lista conjunta en Spotify llamada (supéralo) “Escucha esto”. Letras gloriosas e instrumentos extraños, mezcla de intensidad épica y rollos celtas aderezado con una de las voces más originales que he escuchado nunca. La Maravillosa Orquesta del Alcohol es el curioso nombre oculto en esas iniciales. Por deformación profesional me da por pensar que no les pega nada. Voy divagando en otras hipotéticas opciones de branding para el grupo cuando mi tocayo me propone parar a tomar algo. Un par de refrescos y unos cacahuetes. Lujo asiático siempre.

Entonces la historia se sigue hilando por sí sola. Se acerca un hombre a la barra en la que nos hemos acomodado y pide algo para su mujer y su hija de unos cinco años, que están en una mesa, sentadas, esperándole. Sus movimientos son raros y veo que quiere decir algo por gestos al camarero. No es que sea curiosidad, que también, lo tengo en línea recta, justo detrás de mi colega, así que sigo atento la extraña situación. Por fin encaja todo, ha pedido un par de dedos de whisky para mezclar su Coca-Cola sin que se entere su familia. Me quedo atónito inicialmente. Qué pena. Perplejo más tarde, cuando le veo coger las llaves del coche y arrancarlo con todos dentro, camino a su destino. A su perdición. Podría haberle dicho algo, pero no fui capaz. Ahora me arrepiento aunque de poco iba a servir, también es verdad.

Entre los abismos mentales más profundos debe encontrarse el autoengaño. Seguro que tiene un espacio en propiedad allá abajo. Baja y baja. No digo que mentir a los demás esté bien, que está fatal, pero hacerlo a uno mismo roza lo patológico. Y lo hacemos a diario casi todos. En mayor o menor medida. Deberíamos mirárnoslo.

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
www.nachotomas.com
Artículo publicado en La Verdad de Murcia el 21 de Febrero de 2018

 

 

Mensajeros, alergias y copilotos

A menudo cuento una graciosa anécdota que sufrí cuando un mensajero me entregó los billetes de un avión media hora después de la hora de salida. Eran otros tiempos, los “pasajes” se compraban por teléfono y te los entregaban físicamente en mano. En una semana como la que me viene, donde se me ha acumulado trabajo en media España, me da por pensar en cómo demonios se podían organizar en el pasado las personas que se movieran tanto como yo. Bueno, realmente ha sido culpa mía, que aprovechando actos y eventos a los que acudo en unos y otros sitios, añado reuniones de trabajo en lugares cercanos. Esto de vivir en una esquinita es lo que tiene: o matas varios pájaros de un tiro en los desplazamientos o vives viajando. Y más si tienes alergia a conducir, como el que escribe estas líneas.

Si nada falla saldré el jueves de Murcia en el Altaria dirección a Madrid, el viernes un AVE a Sevilla y el sábado vuelvo a casa en coche desde la capital andaluza. El lunes me desplazo de nuevo, esta vez a Alicante en autobús para volar a Bilbao. Desde allá en transporte compartido hasta Vitoria. Al día siguiente otro coche compartido, si tengo suerte, dirección San Sebastián terminar esa misma tarde cogiendo un avión de vuelta a Alicante, haciendo antes escala en Barcelona y poder llegar casi de madrugada a dormir el miércoles de nuevo en Murcia. ¿Tremendo eh? Pues no lo es tanto si tienes abiertas las páginas web de Google, de varias aerolíneas, las operadoras de tren y autobús, la agencia de reservas de hotel y el portal de compartir coche. Un inmenso rompecabezas que con algo de experiencia tardas en resolver pero al final resuelves. Y luego lo vuelcas todo al móvil sin gastar ni un papel.

En días como este agradezco eternamente disponer de estas nuevas plataformas que promueven estos diferentes movimientos, que facilitan este trabajo de locos que algunos tenemos de manera que podamos gestionar por nuestra cuenta las agendas de transporte de una manera eficaz y eficiente. Para continuar viajando. Para continuar viviendo.

Y ahora imagino una semana así de complicada laboralmente en, por ejemplo, los ochenta. Y visualizo a aquellas personas que se recorrían la península de cabo a rabo a través de unas carreteras a años luz de las que podemos disfrutar ahora, sentados en unos vehículos que nada tienen que ver con los que actualmente circulan por las mismas, ni en seguridad, ni en comodidad, ni en conectividad. Sin móvil y con la Guía Campsa como fiel copiloto. En el fondo era romántico, eso seguro. Deberíamos probarlo.

 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
www.nachotomas.com
Artículo publicado en La Verdad de Murcia el 7 de Febrero de 2018