El otro día durante la celebración del Año Nuevo Chino en el evento organizado en los Molinos del Rio de Murcia, me di cuenta de algo que va mucho más allá del folclore y las fotos de rigor: la globalización ya no es un concepto que se estudia en ADE o vemos lejano en las noticias. La globalización es un vecino de la pedanía de al lado que tiene un plan de negocio más agresivo que el tuyo. Esto ya no va de “nosotros» o «ellos».
Hace no mucho, la internacionalización en Murcia era una aventura de ida: empresas de aquí intentando vender pimentón o vino en Pekín, a muchas de ellas tenemos la suerte de ayudarles desde mi agencia, que poco a poco se va expandiendo junto a mis clientes por el mundo. Hoy el flujo es bidireccional, chinos en Murcia y murcianos en China, igual que en cualquier otro país de los que tengo la suerte de visitar por trabajo.
En el evento del 新春快乐 (xīnchūn kuàilè) charlé con empresarios chinos de segunda generación que tienen un acento murciano más cerrado que el mío y que están invirtiendo y situándose aquí con una visión a largo plazo de la que tenemos mucho que aprender. En N7 no estamos en esto por sumarnos a una tendencia, sino porque tiene para nosotros todo el sentido estratégico y empresarial, gestionando proyectos que conectan ambos ejes y donde te das cuenta de que la realidad es cruda pero motivadora: el mercado chino es rápido, exigente y no perdona la falta de confianza, donde además el idioma actúa como herramienta, como llave, no como adorno.
Por eso llevo años en la Escuela Oficial de Idiomas dándome cabezazos con el idioma. No lo hago por amor al arte, aunque también lo vea como un ejercicio mental tremendo, no te imaginas lo que abre la mente tener que pensar de una manera tan radicalmente distinta, lo hago porque en publicidad y consultoría internacional si no entiendes los códigos culturales estás muerto. Puedes traducir un eslogan, pero si no entiendes cómo negocian o qué valoran, eres simplemente un turista con maletín y palo selfie. Es necesario entender que para ellos la confianza se cocina a fuego lento (el famoso 关系, guānxì) y esto cambia totalmente cómo planteamos una campaña para entender no sólo el producto y el cliente, sino el relato y su mensaje.
Como explico a menudo a nuestros clientes en la agencia, internacionalizar no es despachar una mercancía, es adaptar la cultura misma de la empresa al mercado de destino, llevar una marca al mundo requiere una reingeniería completa del mensaje. Para ello ayudamos a empresas murcianas a entrar allí y a empresarios chinos a entender cómo comunicar aquí. No es magia, es técnica y conocimiento de mercado. El que crea que con Google Translate y una web bonita se conquista el mercado asiático, se va a dar de bruces contra el Caballo de Fuego, símbolo de este nuevo año que acaba de empezar y que simboliza, paradójicamente, un nuevo período de dinamismo, libertad, valentía y cambios rápidos.
En conclusión, China ya no está «allí», está aquí, en nuestras plazas, nuestros balances de resultados y nuestros teléfonos móviles (especialmente WeChat), así que estudiar su idioma y estrechar lazos con su comunidad empresarial en la Región no es una opción, es una obligación para cualquiera que quiera seguir siendo relevante en diez años. Y yo quiero seguir siéndolo. Menos mirarles con el rabillo del ojo y pensar que solo trabajan en tiendas de 24h o restaurantes y más entender que el eje del mundo se ha movido. Y mejor que nos pille con los deberes hechos.







