La dieta del uno por ciento

Decía Abraham Lincoln en 1827 que no deberíamos creernos todo lo que hay en internet por el simple hecho de que aparezca una foto junto a una cita grandilocuente al lado. Aunque esto es claramente una obvia patraña, disfraza la verdad, la viste y la ilustra, siendo la imagen perfecta del estercolero informativo en el que nos movemos actualmente, un ecosistema donde el meme ha sustituido al dato y el bulo se desliza con lubricante por una audiencia que engulle contenido con la misma voracidad mecánica que un adolescente frente a una bolsa de patatas fritas.

Vivimos sumergidos en una especie de hipnosis colectiva, con el dedo ejecutando ese scroll infinito que es la versión digital de las máquinas tragaperras de antaño, donde cada movimiento es una apuesta desesperada por encontrar una brizna de dopamina de garrafón entre toneladas de casquería visual, bailes espasmódicos y consejos financieros de tipos que no sabrían gestionar ni una comunidad de vecinos. Pasamos horas anestesiados, consumiendo una realidad fragmentada que no alimenta, sino que inflama, y como profesional de esto, sé perfectamente que pedirle a alguien que abandone las redes sociales hoy es tan útil como pedirle a un náufrago que no beba agua de mar: morirá de sed o de locura, pero no soltará la botella mientras le quede un hilillo de vida.

Por eso, ante esta borrachera de vacío, prefiero proponer un pacto realista, un poco de higienismo mental para evitar que el algoritmo nos acabe convirtiendo en vegetales de invernadero. La propuesta es sencilla, casi insultante por su brevedad y que actualmente es el centro de las charlas que imparto sobre redes sociales y adolescentes: dediquemos un miserable uno por ciento de nuestro tiempo diario a leer titulares de periódicos de verdad.

Hagamos la cuenta de la vieja para poner los puntos sobre las íes a la realidad: si un chaval (o usted mismo, que me lee ahora con el móvil pegado a la cara mientras ignora el mundo real) pasa cinco horas al día hipnotizado por el cristal (les informo que, lamentablemente, la media de uso diario de pantallas en jóvenes es de bastante más tiempo), estamos hablando de trescientos minutos de exposición cada jornada; dedicarle tres minutos a la prensa tradicional, a esos medios que aún mantienen una redacción, un editor que se juega el prestigio y un corrector que todavía cree en la tilde, no debería ser una tortura china, sino una inversión básica en salud pública. La dieta del uno por ciento.

Sigan en sus redes a las cabeceras de confianza, lean periódicos locales o nacionales, oigan las radios y vean las teles que más les gusten, dediquen un mínimo esfuerzo a valorar el trabajo de otros y, de paso, fuercen a esa inteligencia artificial que nos vigila a entender que no somos el vertedero de su desinformación programada. Al final, se trata de una cuestión de puro posicionamiento personal frente a la máquina, de «hackear» el sistema desde dentro, porque en el momento en el que el algoritmo detecta que pinchas en una noticia real y no en el último vídeo de un energúmeno gritando desde un coche, la calidad de lo que te llega empieza a cambiar por pura decantación. No es instantáneo, pero es rentable a largo plazo.

Los medios tradicionales meten la gamba, por supuesto, porque errar es lo único que nos queda de humanos frente a la precisión aséptica del código, pero incluso el peor de los titulares de un tendencioso diario deportivo es un bálsamo de realidad comparado con la toxicidad de un hilo de Twitter diseñado para incendiarnos las vísceras.

Lean tres minutos al día, leches, que el saber no ocupa lugar, pero el bulo nos está dejando el cerebro hecho un solar.


Video de la ponencia para familias donde comenté esto

Imagen de Nacho Tomás

Nacho Tomás

Director de N7, agencia de publicidad, marketing y comunicación

Autor de los libros: «El lado feo del bordado» e «Impulsa tu Marca».

Vocal de la Junta Directiva de la Asociación de Directivos de la Región de Murcia – ADIMUR.

Miembro de la Comisión de Marketing y RSC del Colegio de Economistas de la Región de Murcia.

Colaborador en Onda Cero Murcia.

Columnista / articulista en el periódico La Verdad de Murcia.

Ponente en varias universidades y escuelas de negocios de todo el país.

Padre, marido y deportista.

Toco la guitarra, canto y escribo cosillas cuando me siento inspirado.

El resto mejor en persona.

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