La pandemia es una noche

Cada uno se fija en lo que quiere cuando va por la vida, cuando visitas una ciudad, cuando escuchas hablar a alguien, cuando comes en un restaurante o cuando andas descalzo por la noche buscando el cuarto de baño o camino de la cocina para echarte un trago de agua.

Las casas por la noche tienen un algo que va a ser difícil explicar con palabras, sonidos que durante el día se te escapan, olores que pasan desapercibidos con los quehaceres rutinarios y, por encima de todo, el estado mental de una persona en ese nocturno momento en que no está ni dormido ni despierto del todo, magnificando lo que le rodea con una mezcla de miedo infantil y valentía inconsciente.

De noche pisar cualquier suelo se convierte en mágico, escuchando tus articulaciones y la respiración de tus hijos, recordado los pasillos de tu abuela, el frío atribulado de la casa de campo o el salitre, las chicharras y el olor a jazmín de los veranos eternos.

Las noches en duermevela y soledad momentánea son el único premio al que podemos aspirar en estos días extraños en los que la casa se nos cae encima. Raros por la ausencia de ocio, anormales por la inmovilidad laboral. El teletrabajo ha vendido más sillas de despacho que nunca, al menos este que escribe ha tenido que cambiarla por una nueva dada la infinita cantidad de horas que paso sentado en ella. El culo hecho una piedra, como cantaba Hombres G a los cines de verano de los ochenta, ajenos a todo, como se tenía que estar en los ochenta y como se debería estar en la infancia actual que, posiblemente, sea la gran perjudicada mentalmente de esta situación.

Son las noches ahora (quizá lo hayan sido siempre) el íntimo momento de homenaje y estímulo. Mirar por la ventana oyendo una sirena lejana, sacar al perro sintiendo por fin cómo el frío penetra esta parte norte de la esfera en la que vivimos y a más de cien mil kilómetros por hora cruzamos continuamente el espacio sin despeinarnos.

La pandemia es una noche, llena de peligros y de sospechas, seguida siempre de la claridad azul que con su luz va dando forma y relieve a lo que nos rodea. Un Sol que, al menos en esta parte del planeta en la que tuvimos la suerte de nacer, siempre acaba saliendo.

Nacho Tomás
HISTORIAS DE UN PUBLICISTA
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
25 de noviembre de 2020

Motivos para el optimismo

El otro día mi hermano y yo estuvimos viendo vídeos de conciertos multitudinarios, divagábamos sobre nuestras ganas de volver a estar apelotonados y sudorosos en medio de cualquier recinto. Incluso él, que suele ser poco de barullo, estaba deseoso. Imagínate yo, le dije.

Entre tanta mala noticia que nos rodea últimamente, un par de rayos de luz en medio de una tormenta que se antoja demasiado larga, llegan a nuestros diálogos virtuales. Las ansiadas vacunas han sacudido las bolsas, han llenado nuestras conversaciones y al menos, en lo que a mí y los míos respecta, han iluminado el túnel en el que nos encontramos, aunque sea entrando por la otra punta y aún desconozcamos la longitud del mismo.

Es matemático, soy de los que piensa que todo irá siempre a mejor e incluso en momentos como estos toca de vez en cuando darle una alegría a tu futuro, aunque por ahora sea el cuento de la lechera. Un optimista obstinado como yo, que olvido habitualmente lo malo (literal, lo borro de la mente), fijo lo bueno (recreándome en ello a menudo a posteriori) y siempre veo el lado positivo de las cosas, no podía dejar pasar la oportunidad de sonreír de medio lado mientras leo la bendita carrera entre las farmacéuticas sintiéndome por un momento como si estuviéramos en plena guerra fría. En lo bueno de aquello, me refiero.

No es la primera vez que, basándome en mi frustrada vocación de economista, intento encontrar la diferencia de esta crisis con las anteriores: financieras, inmobiliarias, alimenticias, económicas o incluso conflictos bélicos, siendo la actual una mezcla de todas o un poco de ninguna, y pienso en la recuperación que sí o sí tiene que venir. Y cómo de rápida, segura y solvente será. Porque lo será. Y cómo de reforzados saldremos.

Dentro de unos meses (iba a escribir años, pero me puede el ánimo) miraremos atrás sintiendo esto como un mal sueño y es ahora cuando tenemos que ir poniendo los cimientos de lo que queremos que sea el futuro. Paso por alto los infinitos daños que todos nos llevamos, al menos a mi alrededor ninguno sanitario, lo cual me permite centrarme en lo menos importante. Por eso no es este alegato un lanzamiento de las campanas al vuelo, sino una esperanza tras los destrozos. Una visualización cada día más cercana de motivos para el optimismo.

Nacho Tomás
HISTORIAS DE UN PUBLICISTA
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
18 de noviembre de 2020

Primero por dentro

De poco sirve el espejo, o lo que éste refleja peinado, cercano y perfumado, si lo que no se ve está podrido o en vías de tal cosa. Lo de dentro, lo invisible, huele a kilómetros y al final sale a la luz sustituyendo la piel, la cáscara, el envoltorio.

Estos días, complejos en fondo y forma, nos pasan por encima alterándonos a nosotros y a nuestras rutinas hacia un nuevo e improvisado quehacer principal: sortear unos obstáculos sobre los que nunca nadie nos había hablado. Es ahora cuando brillan ciertas personas, ciertos comportamientos. Es hoy cuando estamos llamados a la conversación, al acuerdo y a la calma. Más fácil escribirlo que hacerlo, nos ha jodido, pero toca continuo examen de conciencia y ver en qué podemos mejorar y ayudar a los demás.

En una sociedad perfectamente diseñada si nos atenemos a los conceptos burocráticos del asunto, con los cabos atados, las aristas pulidas y los resquemores limados, toma un protagonismo crucial la forma de encarar los problemas. Y en esto los que deciden, ya sea en una familia, en una empresa o en un gobierno, tienen el reto y la oportunidad de sus vidas.

Nadie ha enseñado a los padres las nuevas situaciones familiares, a los empresarios la nueva normalidad de mercado ni a los políticos las nuevas reglas del juego. Pero es que solo han fallado los últimos, haciéndonos sentir constante vergüenza ajena viendo el circo en que han convertido sus debates, los estercoleros en que se mueven como pez en el agua usando sin más criterio que el bélico un arma con otros variados modos de empleo y un valor más que inmenso: la palabra.

Gánense el sueldo, señorías (nacionales, regionales y locales), hagan de una vez lo que de ustedes se espera, lo que hasta un niño entendería como prioritario: la salud de las personas, el bienestar de los ciudadanos y la educación entendida como respeto a las ideas del de enfrente en un horizonte a recorrer juntos. En esto, por una vez, soy pesimista, primero tendrán que limpiarse por dentro y, francamente, lo veo difícil.

Si no se ven capaces, millones de españoles están preparados para sustituirles. Les pagamos para que solucionen problemas no para que continuamente estén creándolos.

Tengan una pizca de decencia. Primero por dentro.

Nacho Tomás
HISTORIAS DE UN PUBLICISTA
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
21 de octubre de 2020

Ratoneras

Si metes una rana en agua hirviendo saltará del recipiente instantáneamente, pero si la metes en una olla a temperatura ambiente y la vas calentando poco a poco hasta la ebullición, se quedará frita sin darse cuenta. Esta metáfora, conocida como “El síndrome de la rana hervida”, sirve para explicar la situación en la que mucha gente se encuentra en el trabajo, en sus relaciones o, de esto hablaré hoy, en la información que recibe, procesa y posteriormente comparte.

Acaba de comenzar el curso (que los años también empiezan en septiembre no es negociable) y ya tenemos encima de la mesa el lío de siempre. No se trata de algo nuevo, la historia se repite (que se lo digan a los guionistas de Dark) y no es la primera vez que hablo en estas páginas sobre los bulos, las fake news y la comodidad de no comprobar nada de lo que pasa por nuestras manos.

Tres ejemplos muy recientes: los nuevos requisitos para optar a los Oscars, el parón de Astrazeneca en el desarrollo de su vacuna contra el Covid-19 y el posible Premio Nobel de la Paz para Donald Trump. Noticias que, según dónde las leas, oigas o veas (no podemos echar la culpa siempre a las redes sociales), te harán reaccionar de una manera u otra. Al fin y al cabo, dirás, es lo de siempre, medios tendenciosos que arriman el ascua a su sardina. Pues sí pero no. Porque en el maremágnum diario de información, nosotros como usuarios tenemos una responsabilidad importante ya no en lo que leemos, que lamentablemente en muchos lugares es opinión en lugar de información, sino en lo que compartimos. No podemos mirar a otro lado haciendo cada vez la bola de nieve más grande.

Dedicar tres minutos a ampliar información y no generar bilis es saludable tanto para tu cabeza como para tu estómago. Hazlo, leches, y hazlo ya y siempre.

Las supuestas políticamente correctas nuevas reglas para los premios de Hollywood no son lo que parecían, al Presidente estadounidense lo ha propuesto para Nobel de la Paz un parlamentario noruego (como podría hacer miles prácticamente cualquier persona anónima presentando a la Abeja Maya) y los reveses en el desarrollo de una vacuna son habituales en cualquier proceso científico, faltaría más. Por cierto, Miguel Bosé sigue missing.

Cambiemos la rana por un ratón y en lugar de olla con agua hirviendo aparecerá una ratonera, esa trampa en la que sin darnos cuenta caemos una y otra vez. Las hay de todo tipo. Y las peores, sin duda, son las mentales.

No es difícil aprender a esquivarlas.

Nacho Tomás
HISTORIAS DE UN PUBLICISTA
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
16 de septiembre de 2020

Lo que nunca olvidaremos

Habían pasado escasos veinte años cuando contra todo pronóstico se volvió a repetir la situación más dantesca vivida hasta entonces en la Historia. La Primera Guerra Mundial acabó en 1918, involucrando principalmente a países europeos, provocando millones de muertos civiles y militares, dejando naciones al borde de su bancarrota o desaparición y consiguiendo un destrozo de proporciones bíblicas a todos los niveles. Pues en 1939 la cosa se puso en marcha de nuevo. Pero a peor. La Segunda Guerra Mundial enfrentó a los mismos y otros muchos más estados en la contienda, generó infinitamente más bajas (que ya es decir) y originó unas secuelas en forma de consecuencias sociales y económicas que perduran hasta nuestros días, casi un siglo después.

Porque está comprobado que el ser humano olvida todo, lo cual por un lado es una bendición, pero por otro también es capaz, como lo expuesto arriba, de repetir lo patético. Quedémonos hoy con lo primero: Antes o después todo esto que estamos viviendo pasará, como siempre sucede y siempre ha sucedido. El pasado se deja de lado y seguimos a lo nuestro con mayores o menores destrozos interiores y exteriores, persiguiendo un futuro que desfila ante nuestros ojos mientras suelta la mano a la mente y los recuerdos.

Escribo esto recién llegado a casa de hacer la compra mensual y me siento en el teclado algo afectado tras dejar el carro en cuarentena y cargado hasta los topes en la puerta. Solo vi caras tristes por la calle, gente separándose unos de otros, algo irreal en este país de los abrazos (esta ciudad, esta familia), qué difícil la distancia social aquí, queridos compañeros de viaje mundial. El guardia de seguridad de la entrada nos va dejando pasar poco a poco, los compradores nos evitamos en los pasillos, los cajeros y reponedores se lavan las manos compulsivamente, todos somos sospechosos. Afortunadamente no hay desabastecimiento y adquiero sin problemas prácticamente todo lo que iba buscando. Lo que no esperaba encontrar era este escenario de realidad distópica y peliculera. Cuesta creer que estamos realmente viviéndolo.

Pero todo mejora a las ocho de cada tarde, la España de los balcones dando la vida, organizándose de manera ejemplar, sacando magistralmente partido a los dos metros cuadrados más cálidos de cada casa en estos tiempos. Aplaudiéndose unos a otros, saludándose y deseándose un buenas noches, hasta mañana, mucho ánimo, un día menos.

Sobreviviremos a esto, conseguiremos una vacuna, saldremos del aislamiento y renaceremos económica y socialmente.

Pero nunca olvidaremos la distancia, el miedo y sentimiento de culpabilidad. Eso se queda.

Pero eso no mata. Y lo que no mata nos hace más fuertes.

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
25 de marzo de 2020

#VamosAMorirTodos

Me encanta Twitter. Fue un total descubrimiento cuando hace más de nueve años me abrí la cuenta y comencé a conocer su potencia. De hecho, alejada del resto de redes sociales al menos inicialmente, te abría un campo de conocimiento tan vasto que a veces daba vértigo, permitiendo establecer conversaciones con personas lejanísimas, no sólo físicamente. En el fondo, como en otras, todo depende de las personas, empresas u organismos que sigas, pues la gran ventaja de esta red, aunque últimamente los cambios de algoritmo nos traen de cabeza, es que no hay dos Twitter iguales.

Por eso especialmente en momento como este, con un Coronavirus que nadie sabe todavía cómo terminará, la única opción saludable es informarte por los medios de comunicación oficiales para obtener la información veraz, aunque esto es totalmente compatible con el ingenio tuitero en clave de humor que te arranca una carcajada, a veces sin querer y a destiempo, que te sorprende a ti mismo el primero rezando para que nadie te haya visto mientras el café te sale por la nariz.

Anoche tuvimos un buen ejemplo de lo que me refiero con el hashtag #VamosAMorirTodos que se convirtió en trending topic mundial y con el que, reconozco, pasé un buen rato riéndome y sintiéndome culpable a partes iguales. Seguro que os pasa lo mismo, que no te quieres reír por la gravedad del tema pero siempre hay alguien que te provoca esa risa tonta y pegadiza que además, cuánto más se agranda, más difícil de controlar.

En un minuto pasas de vídeos coña repescando en la hemeroteca cualquier cosa que pueda servir hoy para la marabunta a diversas elucubraciones estilo pandemia terminal, que si los chinos tenían todo controlado desde hace años, que si el comercio internacional, geopolítica mundial, que si Trump, que si aranceles, que si Huawei, LG, que si tengo un libro que lo intuyó todo, que si el libro es un fake pero no, que yo lo he visto, que si muere más gente en las guerras o con la gripe normal, pero este es más letal que hasta murió el que lo descubrió, que si la cocaína y la orina infantil te protegen, que lo transmiten los mosquitos, que si el frío o el calor son letales para el 2019-nCoV (así se llama oficialmente el bicho), que la mascarilla no vale para nada, pero por si acaso te enseño cómo hacerte una casera, que si los Simpsons ya lo predijeron…

Y entre medias, como metáfora infinita, el pobre Mike Hughes, defensor de la teoría del terraplanismo, palmándola en directo en un lanzamiento con un cohete casero.

Vivimos tiempos locos.

Y que no sea nada.

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
26 de febrero de 2020