Los “fantásticos” debates televisivos

Siempre me pasa lo mismo cuando escribo de política. Me tiro días dándole vueltas a un argumento en forma de pensamiento, a cómo plasmar expresando con palabras lo que tan fácilmente surge y se expande en el cerebro. Construyo en mi cabeza una tesis aparentemente tan sólida como las catedrales, visualizo el certero título, pongo cara a los líderes del país que se presentan a las elecciones de este domingo y me lanzo al teclado tras tragarme los “fantásticos” debates televisivos, con todas las acepciones posibles del adjetivo. Entonces me da la pereza extrema de haceros perder solo un minuto de vuestro valioso tiempo leyendo esta columna. Pero hoy, visto lo visto, me armo de valor y, pidiendo perdón por adelantado, expongo lo siguiente:

¿Soy el único al que le da bastante miedo ver cómo mucha gente habla de su voto en general, sin diferenciar que tenemos por delante cinco elecciones diferentes, con cinco situaciones diferentes y cinco opciones que pueden/deben no ser la misma? En pocas semanas tenemos generales (Congreso y Senado), municipales, autonómicas y europeas, lo cual supone que tienes a mano elegir al presidente del Gobierno de tu país junto a diputados y senadores, al alcalde y concejales de tu ciudad, al presidente y diputados regionales de tu comunidad autónoma y a los representantes españoles frente a Europa que en el fondo elegirán al presidente del Parlamento Europeo. Da vértigo, ¿no?

¿Todos los partidos te ofrecen lo mismo en cada uno de estos escenarios?

Evidentemente NO.

Pues joder, piensa un poco antes de cada voto.

Partiendo de la base de que es imposible convencer a nadie de cambiar una elección que muchas veces proviene del arraigo social, educativo, económico, familiar o religioso, doy de esta manera por sentado que solo el tiempo puede hacer girar un poco las velas, cambiar el rumbo y decidir modificar ciertas creencias conforme a exclusivamente propias experiencias. Entonces, por más que yo (o quien sea) intente convencerte de algo, sólo me escucharás y asentirás si estás alineado conmigo. En caso contrario, el efecto rebote es tan grande que solo provocaré profundizar aún más tus raíces. No hay duda de que intentar argumentar con quien sea de temas políticos es nocivo. Y peor en época electoral. Y ya tenemos un triple mortal con tirabuzón si lo que aparece por delante son cinco elecciones diferentes.

Todos se aferran a que los indecisos pueden liarla y esa es la verdadera pena viendo cómo el absentismo sigue campando a sus anchas en nuestras urnas, con cerca de 4 de cada 10 votantes pasando completamente del asunto. De los cinco asuntos.

Si no hacemos política, nos la hacen. Pues eso, hagámosla con lo único que podemos: nuestro voto.

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
24 de abril de 2019

Entrevistas de fuerza

Tenemos la inmensa suerte de que en el mundo haya personajes. Y más suerte aún disponer de grandes entrevistadores para sacarles punta. En tan solo unos días hemos asistido a tres momentos que, bajo mi punto de vista, pueden ser considerados tres picos del periodismo nacional y eso que son cada uno de su padre y de su madre. O de su micrófono. Os cuento.

Comienzo con la más informal y divertida: la de David Broncano a Gerard Piqué en La Resistencia, el programa de Movistar+ que los no trasnochadores podemos disfrutar en YouTube al día siguiente. Una entrevista que comienza con buen pie dada la original forma de gestarse (a través de tuits cruzados entre los protagonistas), basada en el troleo puro y duro al que ambos nos tienen acostumbrados pero que, si rascas un poco la superficie, tiene más miga de la que pueda parecer. Veinticinco minutos de inteligencia a dos bandas, de anti-hooliganismo futbolero, de clase. ¿Cuentan como sexo las derrotas del Madrid? Un tío como Piqué, que tiene en patrimonio más que el presupuesto del Espanyol, encantado de exponerse al repertorio de putadas que suele lanzarte siempre Broncano. Dame programas de diversión como éstos, no más basura reality.

Sigo con la que probablemente más ruido ha generado: la de Jordi Évole al Papa Francisco. Un hito a varios niveles: burocrático, periodístico y, por qué no, moral. Como siempre sucede en las actuaciones que tocan afecciones personales, a unos les pareció superficial y a otros revolucionaria. Seas del signo religioso que seas, algo debió tocarte por dentro al escucharle. El Follonero consiguió infinitos titulares de esta cita en el Vaticano en la que se tocaron temas peliagudos. Un Papa que, para mi sorpresa, lanzó incluso varios chascarrillos entre tanta intensidad.

Iba a terminar dando mi opinión sobre la entrevista que Carlos Alsina, quizá el mejor entrevistador actual de España, realizó a Adolfo Suárez Illana, el hijísimo llamado a ser diputado, nada menos, pero sus propias palabras hablan por sí mismas y no necesitan interpretación alguna. Y no quiero hacer sangre de ese titular que llegó hasta New York, el resto no tiene desperdicio.

Tres entrevistados dispares y tres entrevistadores con estilos diferentes que culminaron en tres grandes entrevistas de fuerza, al fin y al cabo. No hace mucho tiempo y durante una larga temporada presenté un programa de radio en el que, basándome en Twitter como esta misma columna, realizaba entrevistas a famosos murcianos. Por eso este formato es mi debilidad, debo reconocerlo, y no me importaría volver a retomarlo alguna vez.

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
3 de abril de 2019

No sé vosotros

No sé vosotros, pero estoy harto de los que reparten carnés de españolismo. De los que usan la memoria histórica a su antojo. De los que destrozan el castellano en nombre de su ideología. De los que solo miran atrás. De los que crispan y lo llaman política. De los que mienten sin pudor día sí y día también. Me paso la vida en la calle rodeado de gente y los currantes como tú y como yo no tenemos en la agenda diaria estas patrañas que intentan vendernos por un puñado de votos. Por suerte el dolor político se cura con facilidad.

No sé vosotros, pero mi conciencia es más recta y digna que las suyas y no me impedirá de nuevo elegir, pues las tenemos a la vuelta de la esquina, a los que nos van a representar durante los próximos cuatro años. Y ojo, quizá tengamos hasta cuatro papeletas en la mano a la hora de reflexionar.

No sé vosotros, pero a veces mi decisión local no tiene nada que ver con la nacional, ni la autonómica con la europea. Con un abanico cada vez más amplio a nuestro alcance, quedarse en casa no es una opción. ¿Un minuto que puede cambiar todo o dejar que una queja en redes sociales se pierda para siempre?

No sé vosotros, pero el tiempo pasa y clarifica que podemos cambiar lo que hacemos, pero no lo que queremos. Y lo que quiero encaja pocas veces con lo que ellos quieren. Sus diarios llenos de insustanciales proyectos chocando de frente con los suelos que pisan nuestros pies. Debe ser mágico vivir sin miedo a la hemeroteca, sin pudor, sin recuerdos o peor aún, con esa memoria selectiva tan útil en otros quehaceres. Qué cara está la honestidad.

No sé vosotros, pero creo que se quedó corto Orwell con el Ministerio de la Verdad de su 1984, donde los hechos eran manipulables incluso en los soportes en los que la información se guardaba. Lo de ahora es peor. A años luz. Cortinas de humo que tapan la humareda generada por el incendio intencionado que se provocó para tapar lo de antes, que ya ni recuerdan qué es, ni les importa. Y qué cara la educación.

No sé vosotros, pero el derrotismo de unos y otros no genera otra cosa que hacerme sentir victorioso y emocionado, al menos durante el tiempo en que volvamos a ilusionarnos. Los victimistas lejos, por favor. Responsabilizarnos de nuestros actos como virtud, no como vergüenza. Como aprendizaje, no como medio de escabullirnos.

No sé vosotros, pero los periodos electorales me ponen las pilas.

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
13 de febrero de 2019

El rebote

No es la primera vez que escribo sobre las fake news en esta columna y me temo que no será la última. Dentro de las infinitas ventajas que brinda el social media a la comunicación entre personas, empresas e instituciones, nos encontramos con esta piedra en el zapato que está amargando la existencia a más de uno. Un fenómeno que ha infectado desde dentro y como un cáncer lo que parecía intocable en los inicios: el contenido que se publica en las redes sociales, haciéndonos partícipes, muchas veces sin saberlo, de algunos de los movimientos políticos que pasarán a la Historia en unos años: Podemos (en España), Donald Trump (en EEUU), Nigel Farage (en Reino Unido y la Unión Europea), Jair Bolsonaro (en Brasil) o Matteo Salvini (en Italia) son el mayor ejemplo.

Voy a intentar explicarlo: los algoritmos de las más importantes plataformas (Facebook, Twitter e Instagram principalmente) valoran especialmente las interacciones entre perfiles, ya sea a través de comentarios, me gusta o compartidos, dándoles más visibilidad. Al fin y al cabo, como todos sabemos, viven de la publicidad y, salvando las distancias, la política es también un producto que debe venderse. Pues voilá, habemus mercado.

Existen malas artes desde siempre, en las que muchos medios y personajes son absolutos especialistas haciendo de este amarillismo su día a día, focalizados en la provocación más burda. Sus comportamientos nos inducen excitación e ira, las dos emociones que más estimulan el arranque de las personas para responder. Para rebotar. Para rebotarnos. Y de eso viven estos provocadores. Del fuego que se propaga con nuestra pólvora.

Si esto ha pasado en los medios de comunicación de masas como la televisión, imagina lo que puede suceder en un lugar sin puertas como internet en general y las redes sociales en particular. Mi consejo es no entrar al trapo, contar hasta diez antes de darle a responder y pensar que una discusión virtual siempre se pierde. Aún más cuando tu contrincante es un troll como habitualmente sucede. Y esto pasa en todos los sectores y todas las industrias. Desde el futbol hasta la política, pasando por la movilidad o la comunicación empresarial. Las “broncas” dialécticas mejor con cerveza de por medio y cara a cara, sin resquicios ni recovecos.

Pero claro, no todo es culpa de las redes sociales genéricas a las que todos siempre culpan, no debemos olvidar una de las mayores amenazas para las noticias reales: WhatsApp. Si en las demás podemos ver lo que publican unos y otros y al menos ser conscientes de por dónde parecen ir los tiros, en la aplicación de la bolita verde la cosa es incontrolable, sumando además el gran plus psicológico que supone compartir conexiones más fuertes a nivel personal, con tus amigos, compañeros de trabajo y familiares.

Ojo a lo que lees y a lo que compartes. Puedes ser parte del problema.

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
9 de enero de 2019