La comodidad de los bulos

Quizá te sorprenda saber que en el siglo XVIII ya existían, y no pequeñas, crisis financieras. La primera jugarreta de este estilo en la historia, conocida posteriormente como “La burbuja de Mississippi”, contó con el beneplácito (qué raro, ¿verdad?) del estado (en este caso francés), poniendo en jaque su propio sistema económico durante una temporada.

El que en la actualidad sería algo así como el Ministro de Economía de Francia hizo correr el bulo de que esa zona americana, más parecida en aquel entonces a un secarral que a otra cosa, era rica en tesoros, consiguiendo disparar ficticiamente la cotización de las acciones de su propia compañía que allá se encontraba operando (el sujeto en cuestión era juez y parte, qué raro también, ¿no?). Los ahorradores en suelo patrio se lo tragaron todo e invirtieron grandes sumas de dinero en las cotizadas participaciones hasta que el asunto estalló salpicando de diversas formas a las hormiguitas y sus capitales. Se dice que hubo incluso algún suicidio.

La Historia no se retiene en nuestras cabezas de manera lógica. Nos llega, a veces siglos más tarde, contada siempre por alguien, por lo que si no eres un fajado historiador lo vas a tener chungo para que no te la cuelen traspapelando por verdad una de sus versiones. Como quizá pueda ser este mismo asunto que hoy nos ocupa. Cuesta mucho aprendernos la Historia por, entre otras cosas, culpa de nuestro cerebro, que tiende a simplificar hasta el extremo aquello que nos rodea y de lo que no depende nuestra supervivencia.

Por ello se vuelve tan necesario sacar unos minutillos cada día para analizar las noticias que nos llegan sin sesgos y sin prejuicios, porque ellas serán la historia de dentro de unos años. Pero sobre todo hagámoslo sin prisas: no hay peor consejera a la hora de contextualizar la inmensa cantidad de contenido recibido desde dispares orígenes, muchas veces ya mascado e incluso con las conclusiones preparadas para exponerlas orgullosos en nuestra discusión familiar o de ascensor.

La culpa no es de los medios sensacionalistas, de las fake news de las redes sociales, de la bilis de ciertos periodistas ni de la publicidad que lo envuelve todo. La culpa es tuya por cómodo. Porque es más fácil reenviar una cadena de Whatsapp desde el sofá que parar treinta segundos a pensar si ese en apariencia inocente gesto generará Historia o bulo. Y te temes que lo segundo.

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
17 de octubre de 2018

A quién le importa

Un día cualquiera puede volverse memorable a las primeras de cambio, sin preverlo, sin esperarlo y sin que nadie te avise. Nadie excepto los protagonistas de esa jornada que, sin contar contigo con anterioridad, decidieron que hoy tú formarías parte del espectáculo. De su espectáculo. Atento: vienen curvas.

Existen pocas verdades más absolutas que la derivada de la priorización de nuestros actos. Me explico: todo parece urgente, importante y a vida o muerte hasta que algo se te cruza por delante y es, de verdad, urgente, importante o (que no nos pase mucho) a vida o muerte.

Puedes estar siete mil días esperando que llegue ese momento para el que llevabas años contando los minutos cuando una llamada de teléfono trastoca tu universo y te obliga a poner los pies en la tierra. Puede ir, o eso crees, un día de culo en el trabajo o en tu cuenta corriente, cuando los resultados del análisis de sangre de un familiar te obligan a poner los pies en la tierra. Puedes pasar una noche memorable en tu juventud para despertarte al día siguiente con tu vida arruinada por una mala decisión. Puedes estar celebrando un fracaso con la misma intensidad que un triunfo. Pies en la tierra. ¿Qué tierra? ¿Qué pies?

Estás en tu pleno derecho siempre de hacer lo que te plazca. Eso faltaba. Qué razón tenía Alaska en su mítico himno musical. ¿A quién le importa? ¿Quién es capaz de echarte en cara algo? ¿Quién es capaz de juzgarte sin estar en tu situación?

Quizá sea esta una de las grandes paradojas de esta cultura en la que vivimos, en esta oleada de autoproclamados defensores de cualquier cosa. Los guardianes de la sociedad, de la cordura, de la tradición y de lo correcto. Perdonadme, ahora vuelvo, voy a reírme un rato.

¿Quién tiene el más mínimo derecho a echarte en cara tus convicciones políticas, tu opinión sobre el aborto, las relaciones sexuales, la eutanasia, el uso de las drogas o tus inclinaciones religiosas o patrióticas?

No necesito nadie que me hable de valores, de moral o de ética. Y menos esos que con más de cuarenta años de democracia aún no han solucionado las necesidades básicas de los ciudadanos de este país, promulgadas por un documento que se convierte en algo casi santo en algunos momentos y papel mojado cuando no interesa. No penséis por mí, tengo mis prioridades y vuestros prejuicios no van a reordenarlas.

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
10 de octubre de 2018

Lo mejor de cada casa

La historia ha tratado de manera desigual a los países que nos rodean. Algunos salen victoriosos de su lucha con el tiempo, envejeciendo con serenidad y elegancia, aceptando que las heridas del pasado tienen su reflejo en el futuro y si no son curadas correctamente dejarán, unas veces feas, otras interesantes, indelebles cicatrices. Los países cambian, crecen o encogen, y si no lo aceptan tendrán problemas de salud. Son como las personas: a algunos les sientan bien los años y a otros les destrozan.

Si se me permite la metáfora, la sangre de los países son sus ciudadanos, sus actos son las leyes, sus amigos son los tratados que firma, sus extremidades son las ciudades y su cerebro son los dirigentes. Visto así, más de un país, como habrás deducido, está condenado.

Millones de ciudadanos enganchados a denigrantes y adictivos programas televisivos, letras de canciones que son “presunto” delito frente a otras que son verdaderas agresiones sonando a diario en las principales radios, aeropuertos sin aviones y doctores con faltas de ortografía, dinero de servicios públicos gastado en servicios muy privados. Subir impuestos, bajar la luz, adoctrinar en los colegios. Alcaldes y concejales que no han trabajado jamás fuera de su partido. Marca país. Marca región. Lo mejor de cada casa.

Venta de armas (infalibles, deja que me ría) a repúblicas bananeras con chantajes de por medio saltándose a la torera los contratos firmados previamente, criterios de circo para amnistías fiscales de grandes fortunas y presión hercúlea en impuestos para PYMES, querer acelerar con el freno de mano continuamente puesto. Políticos hablando de híbridos y AVE sin haber usado un tren en su vida, permisividad extrema con las casas de apuestas que bombardean a nuestros hijos al tiempo que más paro y economía sumergida que nunca. Funcionarios de sesenta años dando consejos sobre emprendimiento y presidentes viajando en helicóptero. Aforamientos medievales, universidades podridas y puertas giratorias.

Gente con buenos trabajos inventándose titulaciones que no tienen mientras otros ocultan las que sí tienen para poder aspirar a trabajos precarios. Chapuzas generalizadas en ciudades contaminadas con, además, cortinas de humo que toman forma de discusión kafkiana sobre el cambio de hora sin plantear la imperiosa racionalización de horarios, en forma de ataque a los sentimientos religiosos en estados aconfesionales, en forma de cómo va vestida ésta o aquel atendiendo al continente y no al contenido. Memoria que tiene mucho de política y poco de histórica. La mafia nació en Italia, pero se perfeccionó en otros lugares.

Qué bien han conseguido convencernos, a golpe de slogan, de que han cambiado todo para dejarlo exactamente igual que estaba. Y qué bien se vive, con todo y con eso, en los países mediterráneos.

 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
19 de septiembre de 2018

 

Otras caras de otras monedas

Ayer fue 11S y el mero pulso de dichas teclas en el ordenador provoca una por habitual no menos profunda sacudida. Todos sabemos lo que estábamos haciendo aquel día, en quién pensamos en primer momento, por qué no nos separamos de la tele mientras Matías Prats gritaba el mítico “Dios Santo” en Madrid y Ricardo Ortega lo comentaba en directo desde NYC (paradójicamente asesinado involuntariamente por el ejército estadounidense tres años después). Todos tenemos nuestro punto de vista sobre aquel nefasto día, tenemos nuestra historia personal. Y como nosotros, hay otras personas que lo vivieron diferente. Esta es una de las tramas de “Soy Pilgrim”, la novela que actualmente estoy leyendo, que pone el foco en Afganistán, en Siria, en Turquía. Otras caras de otras monedas.

Este diferente punto de vista me hace pensar en que todo lo que nos rodea tiene un reverso. Nombrarlo así ya de primeras asume que nuestros ojos miran al anverso, a la cara. A nuestra cara, a nuestra verdad. Intento, no siempre con éxito, prejuzgar cada vez menos, poniéndome en los zapatos del que observo como dicen los ingleses. Empatizando, en castellano.

Antes de leer esta columna seguro que ya has elaborado una opinión sobre Soraya Sáenz de Santamaría dejando la política o Manuela Carmena anunciando que volverá a presentarse a las municipales en Madrid. Te propongo volver a desarrollar esa opinión pensando desde dentro de su piel. ¿Ha cambiado al menos un poco? Sano ejercicio.

Ayer fue la Diada en Cataluña con la que está cayendo por allá, coincidiendo con la cristiana Romería de Murcia y la taurina Feria de Albacete. Tres actos festivos en tres zonas muy diferentes de España con, seguro, detractores y defensores armados de profundísimos argumentos tan buenos como los contrarios. De nuevo otras caras de otras monedas.

Pues eso, antes de emitir juicios rápidos sobre cada una de las cosas que vemos y no entendemos, esas cosas que nos parecen estupideces o carentes de sentido, paremos un minuto a meternos en otras cabezas, en otras motivaciones, en otros procesos mentales que desembocan en diferentes resultados y acciones que seguro tienen su explicación.

Cuando éramos pequeños era más fácil. Cara o cruz y listo. ¿Has probado con las monedas de euro?

Lo podíamos tomar como síntoma.

 

UN TUITERO EN PAPEL
Nacho Tomás
Twitter: @nachotomas
Artículo publicado en La Verdad de Murcia
12 de septiembre de 2018